En los últimos meses, la movilidad por unos u otros motivos ha estado en el centro de las conversaciones políticas y ha protagonizado debates interminables entre amigos y familiares. Dada la transformación que están experimentando nuestras ciudades, resulta inevitable querer saber cómo nos desplazaremos el día de mañana partiendo de la movilidad existente hoy.

 Y es que la imaginación en torno al transporte del futuro siempre ha volado, y mucho.Ridley Scott nos planteaba en Blade Runner un 2019 con una movilidad un poco caótica y coches aéreos. El director no iba mal encaminado al prever un futuro con problemas como la sobrepoblación (en 2050 el 70% de la población mundial vivirá en ciudades) o la contaminación, pero en lo referido al transporte, su predicción dista mucho de la realidad actual. No podemos ver automóviles en nuestros cielos, de momento, pero sí movernos de una forma mucho más inteligente gracias a los avances de la tecnología.

La capacidad de trasladarnos de una forma más rápida y sostenible es posible hoy gracias a la intermodalidad o lo que es lo mismo, la combinación de diferentes modos de transporte en una plataforma donde lo más importante no es ya qué medio utilicemos (coche, taxi, bicicleta, patinete, entre otros) sino el precio, la duración del trayecto y el confort. Según nuestro informe Travel of tomorrow, de 2016, que analiza los diferentes actores que intervienen en la red del transporte moderno, los conductores pierden alrededor de 50 horas al año buscando aparcamiento; el 57% de los viajeros busca nuevas formas de optimizar sus trayectos; y 6 de cada 10 quieren información basada en la ubicación. La digitalización nos permite tener un conocimiento en tiempo real de todos los aspectos relacionados con los desplazamientos de una ciudad, es decir, tráfico rodado y ferroviario o servicios de recorrido peatonal. Se acabó aquello de aventurarse a desplazarse sin saber cuánto tiempo vamos a tardar en llegar a nuestro destino.

El análisis de datos permite determinar patrones de viaje y su impacto en la red, lo que, a gran escala, optimiza la gestión de la estrategia de movilidad de una ciudad y, a pequeña, mejora la experiencia del viajero, que cuenta ahora con información para tomar una mejor decisión cuando inicia su viaje.

Nuestro país está acometiendo los esfuerzos para conseguir esta coordinación y conexión. Es más, el anteproyecto de Ley de Cambio Climático plantea la elaboración, por parte del Gobierno, de una Estrategia de Movilidad Sostenible, Intermodal y Conectada que establezca la guía de actuación para poder llevar a cabo una transición hacia un transporte eficiente. Y para conseguirlo tiene claro que debe apostar no solo por modalidades sostenibles, que nos permitan reducir las emisiones contaminantes a la atmósfera, sino también por tecnologías capaces de conectar y coordinar todas ellas.

Tenemos que conseguir crear una red de circulación interconectada que funcione como el sistema circulatorio de un organismo: que fluye y es perfecto, y en su ejecución, eficiente y fiable. Además, debemos hacer más partícipes a los ciudadanos, darles la máxima facilidad para que utilicen modalidades más allá del vehículo privado, hacer de la movilidad un servicio (MaaS, Mobility as a Service) que solucione el problema de la primera y la última milla. En este sentido, la tecnología que ya existe nos permite poner al usuario en el centro de todo, en lugar de las infraestructuras, sin olvidar que estas deben adaptarse e incluso anticiparse a las nuevas demandas. Porque únicamente podremos avanzar hacia una movilidad 100% sostenible si el usuario tiene plena autonomía y poder absoluto en la toma de decisiones. De esta manera, conseguiremos desdibujar las distancias entre el transporte público y privado. lo que nos permitirá desarticular el tráfico de nuestras ciudades y abandonar los rutinarios atascos.

Según un estudio realizado por el Instituto de Estudios de Prospectiva Tecnológica, perteneciente a la Comisión Europea, el coste anual de la congestión del tráfico en España se sitúa en torno a los 5.500 millones de euros, con un gasto por habitante que llega a alcanzar los mil euros al año en ciudades como Madrid o Barcelona.

Por ello, debemos garantizar a los ciudadanos menor tiempo, mayor comodidad y un menor coste en sus traslados. Hoy ya es posible. Las soluciones digitales intermodales ofrecen a los viajeros el apoyo que necesitan para la planificación de sus rutas antes de la salida, la reserva y el pago y, no solo eso, sino que proporcionan información actualizada durante el trayecto. El botón rojo de parada se ha movido del autobús al smartphone.

Nuestros vecinos andorranos ya han apostado firmemente por este tipo de soluciones de intermodalidad. El Gobierno del país y sus siete ayuntamientos están desarrollando una plataforma que integra todos los modos de transporte de Andorra, incluyendo además autobuses públicos, aparcamientos en la calle y fuera de ella, bicicletas compartidas y cargadores de vehículos eléctricos. Gracias a esta plataforma, los viajeros podrán tener información en tiempo real de cada uno de los medios de transporte y gestionar a través de sus smartphones la compra de los billetes.

En definitiva, las ciudades se transforman y con ello la manera de interactuar con ellas. El uso de diferentes formas de transporte sostenibles y la conexión inteligente de todas ellas es la clave del futuro, que se fragua hoy y donde ya podemos tener una movilidad cien por cien a la carta: por favor, de primero tomaré el metro y de segundo, la bicicleta. ¿Y usted?

Agustín Escobar es CEO de Siemens Mobility España

Fuente: Cinco Días