Fue en la comarca catalana de L’Empordà, conocida por los paisajes de peñascos sobre el mar y los fuertes vientos que moldearon las ideas surrealistas, donde empezó todo. Ahí se pusieron las bases para la emancipación de un proyecto empresarial independiente, Cellnex Telecom, a partir de una idea incrustada en una estructura que se le quedaba pequeña, Abertis. Entonces parecía también una idea surrealista (¿por qué cambiar algo que ya funciona?), pero el pensamiento quería salir, y salió como un torrente en agosto de 2014, en un desayuno en Torroella de Montgrí (Girona), que se alargó hasta la sobremesa del almuerzo. El entonces consejero delegado de Abertis, Francisco Reynés, y Tobías Martínez, responsable de la filial Abertis Telecom, ambos de vacaciones en la zona, concluyeron en el ágape que la emancipación de la filial de telecomunicaciones era no solo una buena idea, sino que era necesaria. Menos de un año después, Abertis Telecom se convirtió en Cellnex y salió a Bolsa, dando paso a una etapa de gran expansión que le ha llevado a cerrar con éxito en 2019 dos grandes ampliaciones de capital.

Tobías Martínez (Barcelona, 1959) es el ejecutivo responsable de esta emancipación y del fuerte crecimiento que ha convencido a analistas e inversores para seguir a la empresa en su etapa de expansión. En menos de cinco años, la acción de Cellnex ha pasado de los 15,5 euros cuando se estrenó, a los 46,1 euros actuales. La compañía entró en el Ibex 35 al año siguiente de aterrizar en el parqué. Este comportamiento en los mercados responde, según Martínez, a la confianza que genera la etapa de crecimiento, pese a que no da un gran retorno, ya que está marcada por importantes inversiones y un nivel de endeudamiento que necesita capital. “Nuestro inversor, que fundamentalmente es institucional, sabe que prácticamente no tiene dividendo, pero lo que quiere es que continuemos creciendo. No le preocupan las pérdidas en la medida en que pondera y prioriza el apoyo a la estrategia de crecimiento», explica el consejero delegado de la firma.

Cellnex está especializada en la gestión de una red de infraestructuras de telecomunicaciones neutral y que se alquila a diferentes operadores. En los últimos cinco años ha basado su crecimiento en la compra de antenas y torres en ocho países de Europa, con el objetivo de ganar perímetro y convertirse en líder del sector. La compañía tiene ya una cartera contratada de más de 50.000 emplazamientos y ha realizado importantes inversiones para estar presentes, ya sea mediante adquisiciones o nuevos proyectos, en España, Francia, Irlanda, Italia, Países Bajos, Reino Unido, Suiza y, desde el mes de enero, también en Portugal.

Resultados

Los resultados anuales muestran el impacto de estas inversiones, sobre todo en 2017, cuando el beneficio cayó un 17,5%. También en 2018 se registraron pérdidas de 15 millones por ajustes laborales. Sin embargo, ese año la compañía ingresó 901 millones de euros, un 14% más respecto al año anterior, mientras que el beneficio de explotación (ebitda) se situó en los 591 millones, un 18% más que en 2017. Martínez augura que la expansión continuará cuatro o cinco años más: “Todavía no tenemos el tamaño que queremos”. Los inversores parecen no tener reparo: tras dedicar a nuevos proyectos y adquisiciones 700 millones de euros en 2018 y 7.000 millones en 2019, la compañía cerró el año pasado dos grandes ampliaciones de capital con una altísima demanda: en marzo, por valor de 1.200 millones, y en octubre, de 2.500 millones. La previsión para los resultados de 2019, que serán públicos este mes, es ir en línea con lo previsto por los analistas, y superar los 1.000 millones en ingresos.

Martínez recuerda que desde aquel almuerzo con Reynés —que hasta 2018 lo acompañó como presidente de Cellnex—, las cosas han ido muy rápido. “Ahora parece que la decisión fue muy fácil, pero no. Estuvo muy meditada, fue fruto de una reflexión conjunta con Paco Reynés y requirió de cierta valentía, porque cuando empiezas algo nuevo existe un riesgo”, recuerda Martínez desde un despacho del centro de operaciones de Cellnex, en la Zona Franca de Barcelona, vecino a la sede de Abertis.

La carrera de Martínez está muy unida a Abertis, pero no solo. Tras estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones, a los 22 años fundó un proyecto empresarial, Sistemas de Información y Telecomunicaciones, que desarrolló durante 10 años. Este espíritu emprendedor, explica, le ayudaría más adelante con la creación de Cellnex. En el año 2000, Martínez se integró en Acesa Telecom —que más tarde sería Abertis Telecom— como consejero y director general de Tradia y después de Retevisión. A partir de ahí empezaron 14 años en los que la división de telecomunicaciones de Abertis empezaría a ganar peso.

Hasta que se abrió una ventana de oportunidad: “Vimos que no tenía sentido tener tres o cuatro infraestructuras paralelas, propiedad de diferentes operadores: implicaba duplicidad, menos eficiencia y más impacto ambiental”, explica el consejero delegado. Junto con Reynés, estudiaron el mercado de los Estados Unidos, donde desde los años 90 existen compañías libres que gestionan la red de infraestructuras. “Para los operadores ya no era estratégico ser propietario de las infraestructuras, sino tener acceso a ellas y que estén siempre actualizadas”, afirma. Los contratos que Cellnex firma con sus clientes son a 20 años: “Están más protegidos, solo tienen que aceptar que compartirán la infraestructura”. “Nos convencimos de que Cellnex podía desarrollar esta oportunidad de negocio. Pero si queríamos crear, invertir y endeudarnos, solo podíamos hacerlo si volábamos solos”, afirma.

En el proceso de emancipación de Abertis, Martínez recuerda algunas figuras que le ayudaron. “Primero, Paco Reynés, con el que pasamos de la estrategia a la implementación, que es difícil. Los dos actuamos con generosidad y con sentido para crear valor, encontré mucha apertura de mente en él”, explica el consejero delegado, que también cita nombres como Salvador Alemany, Josep Martínez Vila o Lluís Deulofeu. La independencia total de Abertis llegó cuando esta dejó de ser la accionista principal, y se dio entrada a la familia Benetton en 2018.

El consejero delegado combina un carácter tranquilo y cercano con la disciplina del trabajo —“Aquí no existen horarios o días de la semana si hay cosas que hacer; hay sentido de proyecto”, dice, aunque admite que blinda algunas horas para leer y estar con la familia— y la firmeza para aprovechar las oportunidades de negocio. Los retos de la compañía pasan ahora por crecer en Europa y densificar la red, con el objetivo de ser referentes cuando se implemente la tecnología 5G. La filosofía sigue siendo la misma: comprar antenas y crecer en perímetro. “Siempre estamos buscando muy proactivamente y si se presentan oportunidades, jugaremos el partido, salimos a ganar sabiendo que los partidos también se pierden».

Fuente: El País