Los sueños de un futuro verde para la aviación descansan en el wishful thinking. Para 2050, el sector quiere reducir a la mitad las emisiones netas de CO2 con respecto a 2005, pese a que el tráfico se triplicará. Es difícil ver aviones eléctricos o fuel hecho de plantas o aceite de cocina. Es posible que los Gobiernos tengan que atacar la demanda con impuestos al carbono. A diferencia del motor o de las centrales eléctricas, las aerolíneas están atrapadas en los combustibles fósiles. No hay un sustitutivo, ni parece que eso vaya a cambiar antes de mediados de siglo.

En 2017, el sector produjo 850 millones de toneladas de CO2, solo el 2,3% del total mundial. Pero la rápida expansión de las rutas, sobre todo en Asia, significa que las emisiones serán de 2.700 millones en 2050, según la Organización de Aviación Civil Internacional: ocho veces el objetivo para 2050, 325 millones.

Varias cosas pueden reducir la previsión. La OACI supone que los motores de bajo consumo reducirán 700 millones al año para 2050. Rutas más directas y permitir que los aviones vayan a mayor altitud deberían eliminar otros 200 millones, y compensaciones como plantar árboles, 200 millones más. Para alcanzar su objetivo para 2050, deben encontrar otros 1.300 millones de ahorro colectivo de CO2, más del 50% más que los 850 millones de 2017.

Cambiar a los biocombustibles parece una quimera. La jatrofa, una planta fácil de cultivar que se considera una fuente prometedora de petróleo, produce tal vez 10 barriles de fuel de aviación por hectárea. Pasarse totalmente a la jatrofa significaría arar 375 millones de hectáreas, más de un tercio de EE UU.

Así que el enfoque para reducir el apetito por los aviones apunta a la demanda. Un estudio encargado por Bruselas en 2018 estimó que subir un 10% los billetes –mucho más que los 1,5 euros por vuelo anunciados hace un mes por Francia– provocaría una caída de la demanda del 11%, con un impacto mínimo en la economía. Europa podría empezar por aplicar su tasa de 0,33 euros por litro al fuel de la aviación. Convencer a otros para que les imiten puede ser más fácil que cultivar un montón de plantas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Fuente: Cinco Días