Señales para cambiar de empleo

Si cada lunes por la mañana quisiera poner en práctica el truco que Elliott, el niño protagonista de E.T., el extraterrestre, utiliza para convencer a su madre de que tiene fiebre (aprovechar que ella no está mirando para acercar el termómetro unos segundos a una bombilla encendida y hacer así que suba el nivel del mercurio) y saltarse el colegio, tiene usted dos problemas. Uno: hace años que dejó de ser un colegial y se independizó de sus padres. Dos: tal vez debería empezar a considerar la posibilidad de cambiar de trabajo.

“Si los domingos por la noche son una pesadilla y tu mayor ilusión es la perspectiva de las vacaciones, hay algo que está fallando en tu carrera. Puede que se trate de algo temporal, un proyecto que ha salido mal, una mala racha… Pero si se convierte en permanente, tienes un problema serio”, indica Pilar Jericó, presidenta de Be-Up. Para Pedro Checa, cofundador de Jointalent, el nivel de aprendizaje es otro claro indicador de fin de ciclo. “Cuando hace tiempo que volvemos a casa sin traernos del trabajo ningún nuevo aprendizaje de utilidad, sin nada que nos haga más valiosos para el mercado laboral o para nuestro propio crecimiento personal, es el momento de buscar nuevos horizontes”.

Llagados a ese punto, no es cuestión de mandarlo todo a paseo de buenas a primeras. Pero sí, al menos, de echar un vistazo a lo que el mercado pueda ofrecer. “En un mundo como el actual, permanecer informado y atento a cualquier novedad laboral te brinda un valor añadido como profesional”, asegura Daniel Pérez, director de Page Personnel. De lo contrario, advierte, “te arriesgas a quedar desactualizado y, lo que es más preocupante, a que te instales en una situación de confort”.

Síntomas de que llega el final

  • Las nóminas empiezan pagarse más tarde de lo normal y hay baile de proveedores.
  • Se marchan personas clave que traían negocio a la empresa.
  • Se paralizan los planes de formación.
  • Hay desorganización y nadie tiene claras cuáles son sus responsabilidades.
  • Decisiones que antes se tomaban con rapidez, ahora se demoran.
  • Se queda usted fuera de los proyectos más apetecibles.
  • Se reduce su carga de trabajo.
  • Su nombre no sale en la lista de posibles promociones.
  • Dejan de pedirle opinión.

La figura del profesional que tiene los arrestos para romper con todo y lanzarse al vacío en busca de nuevos desafíos laborales es unánimemente admirada y envidiada. Ximo Salas, asesor de recursos humanos y de marketing, no obstante, cree que esos héroes se cuentan con los dedos de una mano. “Según mi experiencia, el profesional tiende a atarse a la silla y solo se plantea nuevos retos en el momento en que los tiene delante, porque se le presenta la oportunidad”. En opinión de este experto, más que la inquietud por encontrar proyectos motivadores e ilusionantes, hay un factor mucho más determinante a la hora de movilizar a las personas a buscar un nuevo empleo: “El miedo a ser despedido”. Eso sí, aclara, en el momento en que se toma la decisión de empezar a considerar nuevas opciones, “sí que pueden aparecer esos nuevos retos motivadores e ilusionantes”.

Pedro Checa desaconseja esperar a que surjan los primeros rumores sobre despidos para reaccionar. “Porque podemos perder buenas oportunidades por el camino o que sea tarde para plantear posibles alternativas dentro de nuestra propia organización”, concluye. Ante una tesitura como esta, ¿qué es mejor, seguir el propio instinto o dejarse aconsejar? Ximo Salas aboga por no aislarse. “Está claro que tú eres el protagonista de la historia y quien más información tiene. Pero tener el punto de vista de tu familia o de algún amigo de confianza te puede ayudar a razonar con mayor claridad”. Al pedirle consejo, agrega Salas, se prepara al entorno para lo que se avecina. “Un despido sigue viéndose en España como un fracaso. Si cuando nos lo vemos venir, compartimos esa preocupación con los demás, de alguna manera ya estamos empezando a pasar el duelo y a conseguir la aceptación social”.

El dinero ata

El deseo de cambiar de aires puede aparecer incluso en profesionales consolidados y muy bien pagados. Y es que, señala Andrés Fontenla, socio director de Recarte & Fontenla, “los ricos también lloran”. Este cazatalentos subraya que el deslumbramiento por la seguridad, el confort y el elevado nivel de vida que proporciona el dinero puede acabar atrapando a algunas personas en una “jaula de oro”. “A veces porque invierten más horas y más viajes de los necesarios en su trabajo, con el consiguiente impacto en la familia, en las aficiones o incluso en la salud. En otros casos, el precio es el coste de oportunidad de no probar otras opciones laborales interesantes, de perderse la posibilidad de crecer o tener otras experiencias”.

Pero los salarios altos no son las únicas piedras en la mochila. Pilar Jericó cree que, en general, el español es prudente. “Hay mucha gente descontenta que no se mueve por la nómina o por miedo a perder la indemnización. No podemos olvidar que venimos de una crisis en la que el mercado laboral no ofrecía alternativas”. Ese talón en el aire a la postre puede ser una fuente de amargura. “Sólo vivimos una vez”, continúa la presidenta de Be-Up. “Si tú no eres capaz de encontrarle un sentido y disfrutar de tu trabajo, no digo que te marches, porque antes de hacer eso hay sopesar muchas cosas, pero, al menos, busca, averigua cuáles son tus opciones”.

Aunque, cuidado con lo que se desea… porque podría acabar haciéndose realidad. Lo que empieza como un simple sondeo del mercado puede devenir en una oferta real. Y es entonces cando aparece el vértigo. “Un ‘sí’ lo cambia todo. Surgen entonces las dudas y las excusas; intentas auto convencerte de que, después de todo, no estás tan mal en tu actual trabajo…”, describe Daniel Pérez. Llegados hasta ahí y con una oferta interesante encima de la mesa, no es momento de arrugarse. “Mi recomendación”, zanja Pérez, “es que seas valiente y no mires atrás”.

Fuente: El País

2018-03-21T10:08:45+00:00