¿Qué mundo le interesa a Europa?

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¿Por qué Europa hace oídos sordos a los cantos de sirena del proteccionismo? ¿Por qué nos interesa un mundo comercial liberal? Por interés e identidad. Porque la UE es la primera potencia comercial mundial, segunda exportadora —a centímetros de China— y primera importadora.

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Más de 31 millones de empleos europeos, es decir, uno de cada siete, dependen directamente de la exportación. Y se trata de empleos de la máxima calidad, entre los mejor pagados, pues compiten abiertamente con los mejores del resto de países. Esto sucede prácticamente en los 28 Estados miembros. E indirectamente, un 16% de los empleos ligados a las ventas exteriores triangulan con las generadas por otro país de la UE (aportación de productos semimanufacturados o intermedios españoles para exportaciones alemanas, por ejemplo). Más detalle en el estudio de la Comisión EU exports to the world: effects on employment and income, 2015.

Más de 600.000 pymes europeas —que emplean a más de seis millones de trabajadores— exportan mercancías y servicios al resto del mundo, lo que supone un tercio del total vendido al exterior. La contribución del comercio internacional al crecimiento y el empleo europeos debería en principio aumentar en el futuro inmediato —salvo catástrofe—, pues se calcula que más del 90% del crecimiento mundial se generaría fuera del viejo continente en los próximos 10 o 15 años.

La apertura geográfica redunda en ganancias de competitividad: se estima que un punto porcentual adicional de aquella contribuye a aumentar seis décimas de productividad laboral. Y cada vez más, debido a la pujanza de las cadenas de valor mundiales, las importaciones contribuyen más al crecimiento: el porcentaje de materiales y semielaborados importados incorporados a productos y servicios exportados desde la UE es del 15% y ha aumentado más de la mitad desde 1995. Y la UE es el mayor inversor mundial (44% del total) y constituye el principal destino de las inversiones extranjeras directas (36%). Para más detalle, How trade policy and regional trade agreements support and strenghthen EU economic performance, de la Comisión Europea, 25/3/2015.

El entramado de datos, tendencias y experiencias registradas culminó en una nueva estrategia comercial europea bastante antes del aterrizaje de Donald Trump, plasmada en 2015 en la comunicación Comercio para todos (Trade for all), elaborada por el Ejecutivo comunitario.

Esta incluía un amplio capítulo sobre inversiones y sobre la necesidad de incorporarlas a los nuevos tratados comerciales. Sobre valores y la necesidad de preservar el modelo social y medioambiental en el tráfico comercial internacional. Sobre la adecuación de los intercambios a las nuevas realidades de las cadenas de valor industrial global, en las que cada pieza se fabrica en distinto país, por lo que se requiere un enfoque cada vez más interdependiente y no meramente tarifario. Sobre la imbricación del sector servicios en el comercio de mercancías: el 40% del valor de las exportadas acarrean algún tipo de servicio, en un paquete conjunto (instalación, postventa, mantenimiento, formación…). Sobre la multiplicación del comercio digital y sobre la creatividad y la I+D+I, que supone un tercio de los empleos en la UE, y el 90% de sus exportaciones.

Lógicamente, los tratados comerciales de nueva generación firmados desde entonces (con Corea, Canadá, Japón) incorporan la mayor parte de estos nuevos enfoques.

Fuente: El País

2018-08-30T08:02:22+00:00