El euro, moribundo hace apenas un lustro, fue la divisa fuerte de 2017. La moneda única europea se apreció un 15% frente al dólar el pasado año, un 3,5% frente a la libra esterlina y un 10% en comparación con el yen japonés. Además, esta exhibición de fortaleza ocurrió contra todo pronóstico, especialmente por lo que se refiere a su comparación contra el billete verde.

“En 2017, el movimiento bajista del dólar pilló a contrapié a los analistas que confiaban en que el incremento del diferencial de tipos de interés entre la eurozona y EE UU, debido a la evidente divergencia en su política monetaria, pesaría sobre los flujos de inversión a favor de la moneda americana”, explican desde Santander Asset Management. Sin embargo, fue mucho más efectivo en la correlación de fuerzas de las dos grandes divisas el constante empuje de las previsiones de crecimiento europeo frente al deterioro de las elevadas expectativas de la economía americana, una vez que se enfrío el efecto Trump. “La desconexión de la correlación lógica entre el aumento del diferencial de tipos y la divisa se hizo más patente desde mediados de ese año”, añaden desde esta gestora.

Los profesionales que trabajan en el mercado de divisas siempre recalcan que es el activo cuyo comportamiento es más difícil de predecir debido a la multitud de factores que afectan a su evolución. De cara a 2018, los expertos manejan un escenario donde el euro seguirá exhibiendo músculo, aunque el rango en el que se moverá frente al dólar debería ser algo más estrecho. El viernes pasado el cruce estaba en 1,20 dolares por euro. “La banda estimada entre 1,14 y 1,22 que fijamos para finales de 2017 se mantiene vigente para 2018”, indican desde Bankinter Bolsa. “El mayor crecimiento económico en EE UU y las subidas de tipos de la Fed deberían contribuir a apreciar el dólar. Sin embargo, el incremento de la deuda pública derivado de la reforma fiscal de Trump y la progresiva reducción de los estímulos monetarios por parte del BCE respaldarán al euro, por lo que se mantendrá el equilibrio de fuerzas del último trimestre del pasado año”, agregan en Bankinter.

Enrique Díaz-Álvarez, responsable de riesgos de Ebury, subraya que en 2018 el factor crítico en los mercados de divisas será un año más las políticas de los bancos centrales. “En este sentido, es previsible un entorno positivo para el dólar a medida que la Reserva Federal suba tipos y amplíe el diferencial con la eurozona”. Este experto recuerda que en Europa, aunque la creación de empleo es muy fuerte, todavía estamos lejos de la plena utilización de los recursos. Además, la inflación subyacente continúa muy lejos de los objetivos del BCE, y no se espera un encarecimiento del precio del dinero hasta bien entrado 2019. “Ello mantendrá al euro a la defensiva contra la mayoría de monedas, particularmente tras la fuerte subida experimentada por la divisa común en 2017”, insiste Díaz-Álvarez.

En su informe de estrategia para 2018, los analistas de UBS, sin embargo, confían en que el euro mantenga su fortaleza y fijan en 1,25 dólares su valor objetivo. “La cotización puede ser incluso superior cuando se dé por concluida la expansión cuantitativa y los inversores empiecen a descontar subidas en los tipos”. Según UBS hay varios factores estructurales que apoyan la estabilidad del euro en el largo plazo: “El superávit por cuenta corriente de muchos países está en niveles récord, gracias a los programas de austeridad aplicados durante la crisis. Además, la inflación se mantiene por debajo de su objetivo, lo que eleva el valor objetivo de una moneda”.

En el caso de las otras dos grandes divisas del mercado, la libra y el yen, las previsiones apuntan a que su debilidad continuará en los próximos 12 meses. En el caso de la moneda japonesa, porque las políticas ultraexpansivas de su banco central continuarán en 2018. La debilidad de la libra podría venir por el deterioro de la economía británica y las presiones derivadas de la negociación del Brexit.

Fuente: El País