Olivas sugiere que el rescate del Banco de Valencia sirvió para reforzar CaixaBank

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José Luis Olivas fue presidente de Banco de Valencia, que fue rescatado con 6.000 millones de los contribuyentes, y de Bancaja, fusionada con Bankia, que sigue a flote tras una inyección de 22.424 millones del Estado. Pese a haber protagonizado, junto a Rodrigo Rato, la mayor quiebra del sistema, Olivas se presentó en la Comisión de Investigación de la crisis financiera del Congreso sin hacer autocrítica. Afirmó que de lo único que se arrepentía era de haber aceptado ser presidente de Bancaja: “Si me hubiera negado, no estaría sufriendo lo que estoy sufriendo”.

La crisis, dijo, se debió al problema de las hipotecas subprime de Estados Unidos, y el hundimiento del mercado inmobiliario posterior. Extendió una sombra de duda sobre por qué las autoridades inyectaron 6.000 millones al Banco de Valencia al sugerir que fue un gran refuerzo para las cuentas de CaixaBank en resultados (1.777 millones), provisiones (4.000 millones) y créditos fiscales (560 millones). “¿Por qué se metieron 6.000 millones? No lo sé, pero alguien se benefició bastante de este tipo de decisiones”, afirmó, acusando veladamente de que se ayudó a CaixaBank en plena crisis con el Banco de Valencia, entidad por la que pagó un euro.

Todos los partidos, incluido el PP, el partido que le aupó hasta la presidencia de la Generalitat valenciana, fueron muy críticos con Olivas. Le preguntaron de qué se arrepentía o qué hubiera hecho de otra manera si pudiera volver atrás, pero no hubo autocrítica.

Durante las casi cuatro horas que duró la comparecencia, se refugió en cuatro argumentos: El que fuera vicepresidente de Bankia señaló: “Nadie vio venir esta crisis; ahora se juzga con el conocimiento posterior de los hechos, pero en 2003 nadie anticipó que España iba a sufrir dos terremotos económicos que se llevarían la economía por delante”. También dijo que era imposible pensar que la demanda de viviendas pasaría de 700.000 a 50.000 entre 2007 y 2013. No hizo alusión a la rápida sobrevaloración de los activos inmobiliarios, muy superior a los salarios, que generó la burbuja del ladrillo, ni al peligroso endeudamiento en el exterior de Bancaja para invertir en activos tóxicos, disparó la deuda.

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“Las cuentas estaban bien”

Olivas fue preguntado por qué no cayeron todas las cajas, si fue una crisis fulminante para el sector. Su respuesta fue que solo sobrevivieron Caixa Ontinyent y Pollença “porque son pequeñas y solo podían financiar operaciones de escasa cuantía”. Nada dijo de Unicaja, Ibercaja o Kutxabank, que siguen en pie sin ayudas públicas tras la crisis.

El exdirigente del PP explicó que en España no se era consciente de la verdadera situación en 2006. “Creíamos que vivíamos en tierra de jauja y los inversores miraban a España como una tierra de riesgo. Los bancos alemanes estaban peor, pero ellos sabían que su Gobierno les iba a rescatar, pero aquí llegó la crisis de la deuda por Grecia e Irlanda y vino la doble recesión”, resumió.

Otro argumento fue que las cuentas de Banco de Valencia y Bancaja estaban bien en 2010, “según la auditoría sin salvedades que es lo que importa. El supervisor nos pedía más provisiones, pero era por la pérdida esperada, no por la real”, afirmó. Además, insistió en que las entidades fueron supervisados con detalle por el Banco de España, “que son unos grandes profesionales, y cumplimos con sus indicaciones”. No obstante, admitió que en 2011 no pudieron cubrir las provisiones que le exigió el Banco de España y tuvo que ser intervenido provocando un agujero de 6.000 millones.

Su tercera premisa fue que el nunca fue ejecutivo en ninguna entidad. “Yo no autorizaba ni una operación de 100 euros”, comentó. Afirmó que todo pasaba por tres filtros, que valoraban el riesgo de las operaciones (“incluidos más de 100 analistas”). “No defendí ninguna inversión, nl tuve presiones para apoyar un tema u otro. Unas salieron bien y otras mal”, resumió. Los diputados le preguntaron por los problemas con Terra Mítica, la Ciudad de las Ciencias, el circuito de Fórmula 1, la Ciudad de la Luz “o un aeropuerto sin aviones, que también financiaron”, recordó Joan Capdevila, de Esquerra Republicana de Catalunya. No hubo explicación. 

En cuarto lugar sostuvo que el problema fue que las cajas no podían ampliar capital, a diferencia de los bancos, “que lo hicieron hasta dos veces durante la crisis y gracias a eso pudieron soportar las pérdidas. Nosotros no podíamos hacerlo, teníamos una estructura arcaica cuyo capital solo se alimentaba de los beneficios no distribuidos. Además, podíamos emitir preferentes y subordinadas, pero los inversores que las compraban no tenían derecho a estar representados en el capital y eso no les gustaba. Me hubiera gustado cambiar este tema, pero en la CECA había fuertes opositores a esta medida”, confesó. Desde la izquierda se criticó es punto por considerar que lo que buscaba Olivas era “convertir la caja en un banco, como luego se hizo con la crisis”, apuntó Rafael Mayoral, de Unidos Podemos.

Sobre la salida a Bolsa de Bankia, repitió los argumentos de Rato: “Se hizo con todos los beneplácitos del mundo. Aquí no hay ninguna estafa”. Si nos hemos equivocado, nos hemos equivocado muchísimos”, dijo, enumerando a las agencias de calificación, bancos de inversión,
la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), los informes de auditoría, las autoridades europeas, y el Banco de España, que acordó no oponerse a la ampliación de capital que conllevaba esta operación.

Olivas señaló que el informe de seguimiento de la inspección del Banco de España, realizado dos semanas después de la operación, consideraba cubierto el posible deterioro de sus activos crediticios e inmobiliarios, y que el propio supervisor informó, ante requerimientos judiciales, que
Bankia había realizado un ajuste mayor a las pérdidas esperadas: 9.207 millones frente a 8.040 millones. “No solo se cubrió lo que decía el Banco de España sino que se cubrió por exceso”.

Al tribunal de derechos humanos

El exvicepresidente de Bankia se negó a hablar sobre los diferentes casos pendientes que tiene con la justicia. Sorprendió a todos al decir que está estudiando recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos la sentencia que le condena a año y medio de prisión por falsedad y delito contra la Hacienda pública y a una multa de 151.800 euros.

Al respecto, Olivas ha indicado que aunque las condenas “se cumplen y se aceptan”, esta no la comparte. “La justicia no es infalible”, y “mi abogado está estudiando recurrir esta sentencia al Tribunal de Estrasburgo porque no estoy de acuerdo con el resultado”, ha asegurado.

Fuente: El País

2018-06-05T18:39:03+00:00