Retirar la cápsula para abrir una botella de vino es un acto obligado. Creada en la corte vienesa del siglo XVIII para asegurarse de que el vino dentro de la botella se mantenía «intacto» y no era sustituido por brebajes imbebibles, tiene en la actualidad un importante sector industrial tras de sí, pese a que, en muchas ocasiones, pase prácticamente inadvertido. Alrededor de 20 grandes empresas sustentan la mayor parte del negocio mundial de la producción de cápsulas de sobretaponado para vino. Un negocio de peso en España, donde tienen su sede casi la mitad de ellas.

Rivercap, fundada en 1990 en Lapuebla de Labarca (Álava) por la familia Echepare, se sitúa en el top tres mundial. «Aunque es un producto con poco protagonismo para el consumidor final, porque su objetivo es estético, al dar valor y presencia al vino, tiene detrás una potente industria tanto de fabricación como de diseño. Aun así, también hay que hablar de otras funciones, como proteger el corcho del deterioro y ser el precinto que da seguridad y garantía de que el vino no ha sido abierto», explica José Sáenz de Santa María, director general de Rivercap.

Desde 2010, Rivercap está integrada en la multinacional francesa Sparflex (fundada en 1984 y con sede en la ciudad de Epernay), especializada en la producción de cápsulas para el sobretaponado de champán y espumoso de alta gama. Una fusión que fue el resultado de la búsqueda de alianzas por parte de ambos grupos, con el fin de reforzar su expansión en el mercado exterior y aunar fuerzas para competir con otros grandes grupos del sector. Una integración que se dilató durante cinco años. Empezó en 2010 y culminó en 2015, año en el que además, la familia Echepare salió definitivamente de la gestión de la empresa. Durante este tiempo, Sparflex segregó la actividad y los activos relacionados con los vinos y los licores para traspasarlos en su totalidad a Rivercap, mientras que la empresa de Epernay pasó a centrarse en la producción de cápsulas para espumosos.

Las cifras hablan de una positiva evolución del negocio. Con una producción de 20 millones de cápsulas de sobretaponado en los inicios de Rivercap, en la actualidad son más de 800 millones de unidades al año, que se reparten entre 3.500 clientes en más de 40 países. «Empleamos a 170 personas entre los tres centros de producción: en Lapuebla de Labarca (España) desde 1990, en Hendaya (Francia) desde 2001 y desde 2008 en Benicia, California (Estados Unidos). Del total de la producción, el 15% se vende en España, el 40% en Francia y el 35% en Estados Unidos. El 10% restante se distribuye desde Australia hasta Sudamérica», comenta Sáenz de Santa María.

Una producción que crece de manera continua, con buenas perspectivas, pese a la bajada en el embotellado de vino en los dos últimos años, fundamentalmente por la climatología adversa, con alternancia de sequías y heladas, que han hecho mella en la industria. «Aun así, el sector de embotellado con corcho y cápsula crece en todo el mundo, sobre todo en países como Brasil, China o India, donde las cifras de consumo de vino empiezan a dispararse», argumenta el director general de Rivercap.

En cuanto a los proyectos de futuro, la empresa habla en positivo, pero solo en general. La ley del silencio se impone. «Nuestra estrategia se centra en acompañar a nuestros clientes. Damos un servicio personalizado y no tenemos producción sin pedido. Cada semana recibimos 30 o 40 propuestas para confeccionar cápsulas a la medida de cada bodega. Los clientes no quieren que se conozca lo que están haciendo o cómo serán sus próximos diseños. Si otros los copiaran, el trabajo, que es duro, costoso y largo, habría sido en vano», expone.

Bodegas como La Rioja Alta, Freixenet, Codorníu, Muga o Protos lucen las cápsulas de Rivercap, que desde 1992 tienen en el estaño puro su producto estrella. Antes de esta fecha, las cápsulas incluían plomo y sus aleaciones, materiales prohibidos por la Unión Europea desde entonces, por su riesgo de contaminación tanto para el medio ambiente como para el vino.

Actualmente, cada bodega puede elegir sus cápsulas entre distintos materiales, cada vez más sostenibles, en función de aspectos diversos como el diseño, pero, sin duda, el precio del vino es la condición de más peso. Uno de calidad media, elegirá una cápsula de calidad y precio parejos, como la llamada de complejo, formada por una combinación de aluminio y polietileno, y uno de calidad baja o económico optará por una de PVC o de rosca. «Pero un vino de alta gama llevará una cápsula que responda al valor de este vino, como la de aluminio o la de estaño puro. Esta última es el top de calidad, producida en una sola pieza, sin pliegues y reciclable al 100%. Fuimos los pioneros en dedicarnos a la fabricación de cápsulas de estaño puro, que ahora supone el 50% de nuestro volumen de negocio. Es la que viste los grandes vinos de las bodegas más famosas del mundo, como Petrus, Rothschild, Torres…», asegura ­Sáenz de Santa María. Una cápsula que debe llevar el sello Pure Tin, una marca que certifica y reconoce su autenticidad, que consta de una corona y las letras S y N, que representan el símbolo químico del estaño.

En la búsqueda de productos con menos huella medioambiental, una de sus últimas aportaciones ha sido el lanzamiento de la Absolute Green Line, una nueva generación de ecocápsulas donde el polietileno de base biológica (extraído de la caña de azúcar) y las tintas al agua sustituyen al polietileno derivado del petróleo y a los disolventes clásicos, consiguiendo reducir en un 80% la emisión de CO2. También los diseños se vuelven más sostenibles incluyendo las tintas al agua en todas sus gamas. En este contexto, Rivercap ha presentado la tecnología Quatro Arte para las cápsulas de estaño puro, con combinaciones de hasta cuatro colores, y su última novedad, la línea Creative Digital, para las de complejo, totalmente personalizable con tonos intensos y apta para series limitadas.

Fuente: El País