Los desocupados que no buscan empleo caen un 40% con la recuperación

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Los desocupados que no buscan empleo caen un 40% con la recuperación

Irene Muñoz, de 34 años, perdió su trabajo como recepcionista de hotel a comienzos de 2015. Estuvo buscando otro durante seis o siete meses. Sin éxito. Desistió. “Veía que la situación no remontaba. Buscaba en los portales de empleo, en LinkedIn, enviaba currículum y nada”, apunta por teléfono desde Madrid. Lo que describe de sus sentimientos en ese periodo se acerca mucho a lo que recogen los manuales: “Al principio piensas que es normal, luego sientes frustración y después impaciencia”. Con el paso del tiempo y la falta de frutos, optó por dejar de buscar y centrarse en cuidar a su hija.

La perspectiva de esta diplomada en turismo cambió hace cinco meses: “A mi alrededor veía que había movimiento, gente que encontraba trabajo”. Así que se animó y volvió al mercado laboral. También lo necesitaba. Entonces Irene dejó de engrosar ese colectivo que la encuesta de población activa (EPA) considera fuera del mercado por no buscar empleo al creer que no lo van a encontrar, lo que los economistas llaman desanimados. Desde hace una semana, Irene tampoco es una parada, encontró empleo como administrativa “después de varios procesos de selección”.

Los desocupados que no buscan empleo caen un 40% con la recuperación

Decisiones como las de Irene han reducido el número de gente desanimada que no buscaba empleo por desánimo de 570.700 personas hasta 343.300, un grupo en el que las mujeres todavía suponen una inmensa mayoría, el 71% de total. En el mismo periodo se han creado casi 1,6 millones de empleos, muchos de ellos temporales y con sueldos bajos, pero suficiente para cambiar la expectativa.

“Los datos todavía son altos”, matiza Florentino Felgueroso, investigador de Fedea, que recuerda que antes de la crisis la cifra era apenas de 200.000 desanimados. “Son cifras que evolucionan mucho con el ciclo [económico]”, continúa. Para corroborar sus palabras, hay que comparar estos datos con la marca de la tasa de paro. Entonces se observa que caminan casi en paralelo: el desánimo ha bajado con cierto retraso sobre el desempleo, aunque luego lo ha hecho con algo más de fuerza, un retroceso del 40% frente a otro del 36%.

Respaldo empírico

La teoría económica y los datos reciben el respaldo empírico observado en las oficinas de empresas de trabajo temporal y agencias privadas de colocación. “Llega más gente a las oficinas que han estado desanimados mucho tiempo”, confirma Nuria Esparza, directora de atracción de talento de Adecco.

La reducción de este subgrupo, en cambio, no ha supuesto que se frene el crecimiento de inactivos entre la población española, un colectivo que no deja de crecer lentamente. ¿Por qué? El envejecimiento —y las jubilaciones que conlleva— pesa mucho más que el cambio de ánimo de quienes no tienen empleo.

Sobre estos últimos, Felgueroso advierte: “Son el colectivo de personas más desprotegidas del mercado laboral. Si eres un parado de larga duración, estás en el margen”. Este investigador aclara que la línea que separa al desanimado laboral del parado que lleva un año o más sin trabajo, el llamado de larga duración (2,1 millones, según la última EPA), es muy fina o casi difusa.

El análisis por edades de quienes ya no confían en volver a trabajar muestra uno de los males endémicos del mercado laboral español: la gran dificultad que tienen los mayores para reincorporarse al mercado si son despedidos. Más del 70% del grupo tiene más de 50 años y el descenso desde máximos en los últimos años de esta cohorte es inferior al de los más jóvenes.

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Peor para los mayores

“Hay un segmento importante que antes se daba a sí mismo por desahuciado y ahora, no. Pero hay quien sigue haciéndolo. Los mayores de 55 años no se acercan a nuestras oficinas y cuando lo hacen es a través de los programas sociales”, apunta Carles Pitarch, director de operaciones de Manpower. Este grupo se encuentra, junto a ese mal vicio del mercado laboral español de discriminarlos por su edad, otro obstáculo que requiere de políticas activas de empleo más potentes: “Muchos tienen sus competencias desactualizadas. Durante la crisis, sus empleos se han tecnificado y están más desactualizados”.

“La edad es un factor importante”, subraya Felgueroso, “con ellos se da mucho más la situación de querer trabajar, estar dispuesto, pero al mismo tiempo ser consciente de que las empresas no los van a contratar”.

Por su parte, Esparza, de Adecco, afirma a sus oficinas se acercan con mayor asiduidad dos tipos de perfiles muy distintos entre ellos: los más cualificados y los menos. Los primeros, entre 25 y 35 años, durante la crisis optaron por seguir formándose. Los segundos, ni lo intentaban.

El INE no considera parados a los que se han desanimado

La tasa de paro es solo una de las formas que hay para medir el desempleo. Consiste en contar a quienes no tienen empleo, están dispuestos a incorporse a uno y, además, lo buscan activamente. Este número se divide después por el total de miembros de la población activa (parados y ocupados). Del cociente, resulta esa tasa que ahora en España se sitúa en el 17,2%.

Esta forma de medición es la más utilizada y aceptada internacionalmente. Pero los economistas usan otros indicadores para profundizar en el conocimiento del mercado laboral. Por ejemplo, uno es tener en cuenta a los desanimados: los desocupados que no tienen empleo, están disponibles para trabajar, pero no lo buscan porque creen que no lo van a encontrar. Cuando este colectivo se suma a los considerados parados estrictamente, el porcentaje de gente sin trabajo sube. Con los datos de la última EPA, aumenta hasta el 18,3%, calcula Florentino Felgueroso. En lo peor de la crisis, a comienzos de 2013, este indicador se acercó al 30%.

Hay más métodos, en los que se tiene en cuenta a otro tipo de inactivos y a quienes tienen un empleo a tiempo parcial pero quieren uno a jornada completa. Sumando a todos ellos, la tasa completa de paro llegó al 27,1% esta primavera.

Fuente: El País

2017-08-19T22:14:35+00:00

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