Los cinco grandes países de la UE apoyan la tasa a los gigantes de Internet

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El denominado G5 europeo (Berlín, París, Londres, Roma y Madrid) abandera esa tasa digital, a sabiendas de que por ese agujero se escapan miles de millones de euros en impuestos. Los cinco países apoyan la propuesta de la UE —que prevé unos ingresos de 5.000 millones anuales— y esperan que proporcione “un impulso para las discusiones en el G20 y la OCDE”. La cumbre europea que empieza hoy debatirá ese asunto, pero ya está claro que hay cualquier cosa menos consenso, como casi siempre que Europa discute de asuntos fiscales. Los países pequeños —encabezados por Irlanda, una suerte de limbo fiscal— argumentan que el negocio digital “está en manos de multinacionales que operan en todo el mundo, y por eso no tiene sentido un impuesto europeo; hay que actuar a nivel global”, según fuentes diplomáticas.

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Las grandes economías de la UE llevan meses impulsando la fiscalidad digital y no quieren esperar a las propuestas de la OCDE, a la vista de que las compañías tecnológicas explotan sus mercados sin apenas dejar ingresos fiscales en las arcas públicas. Los pequeños, donde a menudo se domicilian esas multinacionales para rebajar su factura impositiva, tratarán de obstaculizar la tasa, como en el pasado han hecho con la llamada tasa Tobin o la armonización de las bases fiscales del impuesto de Sociedades. Bruselas se alinea con claridad junto a los grandes, pero la medida tendrá efectos secundarios por otra vía: amenaza con agravar la guerra comercial con EE UU.

La Casa Blanca ha provocado un incendio diplomático con los aranceles sobre el acero; la Unión trata de negociar con Washington, pero plantea responder elevando los aranceles sobre los Levi’s, el Bourbon o las motos Harley Davidson. En medio de ese ambiente enrarecido, la tasa digital es un nuevo elemento de discordia que puede agravar esa batalla, en la que Europa tiene las de perder: su elevado superávit comercial (del 4% del PIB de la eurozona, pero con picos de hasta casi el 10% en Alemania y Holanda) deja al Viejo continente expuesto a las maniobras de Trump.

Bruselas acumula multas multimillonarias contra los gigantes estadounidenses de Internet. Y EE UU se queja de que el nuevo impuesto está claramente destinado a sus multinacionales. Pese a que no especifica la nacionalidad de las empresas, el sector tecnológico está dominado por EE UU: de las 150 empresas que pueden verse afectadas por el impuesto, la mitad son norteamericanas, y solo un tercio europeas. Esa diferencia no ayuda a rebajar las hostilidades. El comisario de Economía, Pierre Moscovici trató la cuestión con el secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, en la reunión del G-20. “No estoy seguro de haberle convencido, pero espero comprenda nuestra posición”, aseguró en una entrevista ofrecida a varios medios europeos, entre ellos EL PAÍS.

“No es una tasa antiamericana”

La Comisión desvincula el gravamen de la incipiente guerra comercial, pero al otro lado del Atlántico la interpretación es más dura. “EE UU se opone con firmeza a la decisión de cualquier país de atacar a las empresas de Internet”, dijo Mnuchin sin citar la iniciativa comunitaria. La réplica desde Bruselas busca desligar la tasa del lugar de origen de las empresas: “No es un impuesto antiamericano”, repitió Moscovici. Las tecnológicas norteamericanas pisan fuerte en suelo UE. Los europeos saben que Google ofrece respuestas a sus dudas. Amazon, Instagram y Facebook tienen una enorme base de usuarios. A diario se escriben en la Unión 20.000 millones de correos electrónicos, se publican 150 millones de posts en redes sociales, y se realizan 650 millones de búsquedas. Los datos personales son poder —así lo atestigua el escándalo Cambridge Analytica— y valen dinero: Bruselas ataca por ese flanco, y quiere gravar la explotación de datos de usuarios.

La Comisión ha puesto números a la distancia que separa lo justo de lo injusto. Lo que pagan las empresas tradicionales en impuesto de sociedades —un 23,2%— está muy por encima de lo que abonan las tecnológicas: un 9,2%. Aunque para que el gravamen salga adelante hay que convencer a los pequeños: a Irlanda, Austria, Luxemburgo, Holanda, los bálticos y el resto de socios que han hecho de los bajos impuestos un modelo de negocio.

Fuente: El País

2018-03-21T23:09:11+00:00