Las enredadas alianzas de Uber se están complicando aún más. La inminente oferta pública de venta del gigante estadounidense, que se estima que valorará la compañía en 100.000 millones de dólares –con una oferta de 10.000 millones–, ha dado a conocer los detalles de los acuerdos alcanzados en los últimos años al retirarse de mercados hipercompetitivos como el de China, apostando en su lugar por rivales locales. Los pactos, sin embargo, parecen preocupantemente asimétricos, y atan sobre todo a Uber.

La empresa con sede en San Francisco, fundada hace una década, se expandió rápidamente en las economías emergentes. Pero después de una brutal guerra de subsidios en la República Popular, Uber cambió en 2016 su deficitaria unidad china por acciones del líder del mercado, Didi –valorada en 65.000 millones en su última ronda de financiación–, en un acuerdo que aún no ha obtenido la aprobación del legislador antimonopolio local.

A ese le siguieron acuerdos similares con Grab en el sudeste asiático y una joint venture con el grupo tecnológico ruso Yandex. En conjunto, las participaciones minoritarias de Uber en los tres negocios ascienden ahora a más de 11.500 millones de dólares, según muestra el folleto de su OPV.

La letra pequeña, sin embargo, sugiere que Uber podría haber renunciado a mucho para frenar la sangría de dinero. Acordó no competir durante años en los mercados de los que salía –hasta 2023 en el caso del sudeste asiático, o un año después de la venta total de su participación en Grab– y durante más tiempo para Rusia y los Estados de la antigua Unión Soviética.

Sin embargo, cualquiera de estos socios puede competir con el grupo estadounidense en otros lugares… y así lo hacen. Didi se ha expandido agresivamente en América Latina, donde el año pasado compró la app brasileña 99, renunciando a opciones sobre acciones de Uber; cogerlas habría restringido su capacidad para invertir fuera de Asia.

Uber también limitó su poder de decisión en los negocios de sus socios. A pesar de haber tomado una participación de casi una quinta parte en Didi en 2016, valorada en 6.000 millones de dólares en ese momento, no tiene un asiento en el consejo: una rareza que aparentemente arregló en los acuerdos posteriores con Grab y Yandex. Incluso la venta de las participaciones, tentadora si se obtienen ganancias sustanciales, se enfrentaría a restricciones.

Todo esto sería suficiente para complicar los planes de expansión de Dara Khosrowshahi. Pero si a esto le sumamos las participaciones de SoftBank, accionista de Uber, en competidores como Didi, además de los acuerdos de esta con Lyft, Grab y la india Ola, se convierte en el juego de la cuerda. Hay mucho dinero en efectivo para que lo derrochen Uber y sus homólogos, y nadie se está echando atrás: este enredo cada vez pondrá más difícil elegir a los inversores.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

Fuente: Cinco Días