La señorita Potter

A principios del siglo pasado (año 1908) apareció en el Reino Unido un informe denominado Minority Report, cuyos autores calificaron de “gran documento colectivista”. Lo firmaba, entre otros, un matrimonio de reformadores sociales llamados Beatrice y Sidney Webb, que en 1895 habían fundado la London School of Economics y que, años más tarde, abrirían el semanario New Statesman. En dicho informe se hablaba del “Estado administrador”, de un sistema de atención pública desde la cuna hasta la tumba, con el que “se aseguraría un estándar mínimo nacional de vida civilizada (…) para todos los ciudadanos por igual, de cualquier clase y sexo, con lo que queremos decir una alimentación suficiente y una formación adecuada en la infancia, un salario adecuado mientras se esté en condiciones de trabajar, atención médica en caso de enfermedad y unas ganancias modestas pero aseguradas para la invalidez y los ancianos”. Había nacido la idea del Estado de Bienestar.

Suponía la ruptura con los ideales liberales que habían hegemonizado la economía desde Adam Smith. La noción de que el bienestar básico de los ciudadanos era responsabilidad del gobierno y de que éste estaba obligado a garantizar un nivel de vida mínimo a cada ciudadano por el mero hecho de serlo, y que no pudiese obtenerlo por sí mismo, rompía con las teorías que propugnaban la igualdad de oportunidades pero dejaban los resultados en manos del individuo y el mercado. Iba mucho más lejos que cualquier otra propuesta de la época, excepto la de algunos socialistas marginales. Según Beatrice (de soltera apellidada Potter) y Sidney Webb, el Estado administrador, a diferencia del Estado socialista, era totalmente compatible con la libertad de mercado y con la democracia: el Estado de Bienestar sería la fase siguiente en la historia del Estado liberal. El escritor George Bernard Shaw, que simpatizaba mucho con los Webb, escribió al hacer una reseña del Minority Report: “Puede marcar un cambio radical en la ciencia política y en la sociología, como sucedió con la filosofía y las historia natural con El origen de las especies de Darwin”. La propuesta, según Shaw, era “importante, revolucionaria, sensata y práctica al mismo tiempo, perfecto para inspirar y atraer a la nueva generación”.

En el matrimonio de los Webb —economistas, sociólogos, reformadores sociales— la fuerte era Beatrice, que arrastraba con su iniciativa a su marido. Ambos participaban al mismo tiempo de la actividad política y de las inquietudes intelectuales. Consideraban el problema social como un problema económico y su método de trabajar combinaba la observación personal con el método estadístico: calle y números. Pensaban que algunos de los grandes expertos en economía política cometían el error de tratar hipótesis como si fueran hechos y prestaban poca atención a los datos existentes sobre el comportamiento económico real. En cierta ocasión, Beatrice se hizo pasar durante tres semanas por una joven obrera para hacer una investigación sobre las condiciones de vida que sufrían. Publicó sus conclusiones en el diario liberal The Nineteenth Century (“Páginas del diario de una obrera”) y, como consecuencia, fue llamada a la Cámara de los Lores para que testificase sobre los talleres del trabajo esclavo en el país. Entonces concluyó que “la democracia de los consumidores debe ir acompañada de la democracia de los trabajadores, para que llegasen a cumplirse los convenios sobre horario laboral y salarios”.

Con este ideario era lógico que fueran genuinos defensores del movimiento sindical. Entre sus obras más importantes destacaron La historia del sindicalismo (en la que defendían la institucionalización de los sindicatos fuertes como parte de la construcción de una sociedad democrática), y Democracia industrial, un texto clave para entender la evolución del socialismo no marxista en Inglaterra.

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Eran socios activos de la Sociedad Fabiana, clave para la constitución del Partido Laborista, en 1906. Los fabianos creían que el socialismo no llegaría mediante la revolución sino a través de una evolución en la que, poco a poco, el Estado tendría cada vez mayor papel en la economía para evitar los abusos del capitalismo. En su muy reciente libro Cuando el futuro parecía mejor (editorial Akal), el catedrático de Economía Aplicada Enrique Palazuelos describe la fundación dela Fabian Society en los años ochenta del siglo XIX. Compuesta por intelectuales con un modo de vida acomodado y con conciencia política, denunciaron sistemáticamente las consecuencias que acarreaba el desarrollo capitalista, proponiendo un tipo de socialismo como alternativa.

El nombre de la sociedad era ilustrativo de la idea central en la que se basaba su discurso: hacía referencia al general romano Quinto Fabio Máximo, quien venció al cartaginés Aníbal sin presentar ningún enfrentamiento directo (del que hubiera salido derrotado), hostigándole por los flancos, esperando las mejores oportunidades y jugando con el factor tiempo. La crítica fabiana al capitalismo era frontal, pero la estrategia de acción era gradual, pragmática y multifacética. Apostaban por un socialismo ajeno a cualquier movimiento revolucionario (en su opinión, democracia y socialismo formaban un vínculo imprescindible), basado en la evolución de las instituciones en un sentido socialista, la superación del dominio de la propiedad privada (la propiedad pública y la privada debían coexistir), la eliminación de las clases ociosas, el sufragio universal y la transferencia de rentas hacia el Estado, para que las redistribuyese adecuadamente. La Sociedad Fabiana no quería crear nuevas organizaciones políticas sino que sus miembros influyeran en los partidos, sindicatos y medios intelectuales para lograr una mayoría social que hiciera posible el tránsito al socialismo.

En su libro La gran búsqueda: una historia de la economía, Sylvia Nasar resume el pensamiento de Beatrice Webb: ganó la batalla de las ideas del Estado de Bienestar. Ella y Sidney fueron los autores del principal argumento a favor de la asunción por parte del Estado de un número cada vez mayor de servicios, administrados por una categoría de expertos cada vez más numerosa y apoyados en un aparato público fuerte. Y termina: “El Minority Report incluía una de las principales descripciones del moderno Estado de Bienestar. Lord William Beveridge, autor del plan del mismo nombre en 1942, que colaboró en el Minority Report como investigador, reconoció más tarde que su proyecto sobre el welfare state británico, en la época posterior a la Segunda Guerra Mundial `se derivaba de lo que todos nosotros recibimos de los Webb´”.

Fuente: El País

2018-06-10T09:46:18+00:00