La OCDE constata el fin de la expansión económica mundial y rebaja la previsión para España

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La economía mundial ha alcanzado su periodo máximo de expansión y lo que toca ahora es preparar un “aterrizaje suave”. Pero hay obstáculos que pueden hacer el trayecto más turbulento de lo esperado. De algunos lleva la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) alertando desde hace al menos un año: las tensiones comerciales —y las tentaciones proteccionistas que están detrás de ellas— afectan negativamente al crecimiento, insiste una vez más el organismo con sede en París. A ello se agrega ahora un mayor riesgo inflacionario debido a la subida de los precios del petróleo, advierte la OCDE en su último informe sobre las perspectivas globales de crecimiento. España no se salva en medio de este escenario más complejo: el informe rebaja dos décimas la previsión de crecimiento del PIB para este año (al 2,6%) y el que viene (al 2,2%).

“Las condiciones del mercado laboral siguen mejorando, con la tasa de desempleo de la OCDE ahora en su nivel más bajo desde 1980, pero el crecimiento de la inversión y del comercio han sido más suaves de lo anticipado, las condiciones del mercado financiero se han endurecido y la confianza se sigue atenuando”, explica el organismo internacional. “La ralentización del crecimiento comercial, condiciones financieras globales más ajustadas y precios del petróleo más altos están contribuyendo a la atenuación de la expansión global”, constata la organización, que ha presentado sus previsiones este miércoles en París.

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Estas, de hecho, apuntan a un leve descenso de la economía global, tras haber alcanzado este 2018 su punto máximo, con un crecimiento del 3,7%, que se reducirá en 2019 y 2020 hasta el 3,5%, 0,2 puntos porcentuales menos que en la revisión intermedia de septiembre, según las últimas previsiones de la organización.

Zona euro y España

Para la eurozona, la OCDE prevé ahora que 2018 cerrará con un crecimiento del 1,9%, que disminuirá al 1,8% el año que viene, y hasta el 1,6% en 2020. Una política monetaria acomodaticia, una política fiscal suavemente expansionista en 2019, un crecimiento “sólido” del empleo y condiciones de financiación favorables “proporcionan apoyo a la demanda doméstica, pero están apareciendo vientos de frente por una demanda externa más débil y una mayor incertidumbre política”, advierte.

Ante este panorama, la economista jefa de la OCDE, Laurence Boone, insiste en las recomendaciones del organismo para que Europa “complete” su unión monetaria, sobre todo ante el “frágil ambiente” imperante. “Es urgente que Europa complete su unión bancaria (…), avances hacia el establecimiento de una capacidad fiscal común ayudarían a mantener la confianza en la capacidad de la zona euro de reaccionar ante shocks y mantener el crecimiento”, explica.

Además, hace un llamamiento urgente a toda Europa ante las complicadas negociaciones del Brexit: “Es imperativo —subraya en sus palabras introductorias— que la Unión Europea y Reino Unido logren un acuerdo que mantenga la relación más estrecha posible entre las partes”.

Dentro de la eurozona, España tampoco se salva del recorte de previsiones. Si en mayo todavía enmendó al alza sus augurios, ese optimismo se ha evaporado. El organismo con sede en París pronostica ahora que el país crecerá este año finalmente el 2,6%, frente al 2,8% que preveía hace seis meses. También los pronósticos para 2019 decaen: 2,2% el año que viene (en mayo preveía 2,4%) y 1,9% en 2020. Pese a la “moderación” del crecimiento, el desempleo “seguirá bajando”, al 15,3% este año y al 13,8% en 2019, una tasa que sigue considerando “alta”.

Recomendación a España: más escuelas infantiles

Esta situación es inquietante en tanto que, según el diagnóstico de la OCDE, la demanda doméstica es el “principal impulsor del crecimiento” en España. Y es difícil consumir entre el alto paro y los trabajos precarios. De ahí que señale la importancia de los “aumentos de los salarios (de los funcionarios) y de las pensiones” planificados en los Presupuestos de 2018 como uno de los factores que han permitido mantener el consumo privado. Y, también, que inste una vez más a “continuar los esfuerzos para luchar contra el abuso de los contratos temporales”, una de las verdaderas claves, subraya, para “reducir la dualidad” de un mercado de trabajo que “continúa segmentado, con altas tasas de desempleo entre los jóvenes y de largo plazo y empleos temporales”.

Una vez más, el organismo internacional insiste en el papel básico que jugará la educación para reforzar la economía española: insiste en la necesidad de reformas estructurales para mejorar la formación de trabajadores desde la escuela. En este sentido, indica que aumentar la oferta de plazas para la educación de niños de 0 a 3 años “impulsaría la participación laboral de las mujeres y mejoraría la formación de capacidades futuras, especialmente para niños de entornos desfavorecidos”. Una vez más, también, recomienda mejorar la capacitación de los profesores y apostar por la formación profesional dual.

Más productividad y universidades especializadas

La OCDE también recomienda que haya más comunicación entre áreas distintas del Estado y entre las administraciones central y regionales. “Una mejora en la coordinación de los servicios sociales y de empleo reduciría el paro y las desigualdades”, apunta.

“El escaso crecimiento de la productividad está obstaculizando la generación de un crecimiento inclusivo y sostenible. Resulta fundamental garantizar la implementación eficaz de reformas estructurales que aborden la fragmentación de los mercados de productos para conseguir economías de escala. Una mayor coordinación y evaluación de las políticas regionales y nacionales en materia de innovación, para evitar la duplicación y fomentar una mayor escala y especialización de las universidades, incrementaría la calidad de la innovación”.

En cualquier caso, la OCDE deja claro que no hay que acomodarse. Porque los riesgos “siguen siendo considerables”. Entre otros, un crecimiento del comercio global menor que el proyectado “minaría las exportaciones”. Turbulencias en los mercados internacionales o incertidumbre política también podrían reducir la confianza del sector privado, obstaculizando la tan necesitada demanda doméstica. Para terminar con una nota más positiva, la organización apunta que, al mismo tiempo, la demanda doméstica podría probarse más resiliente de lo esperado “si la creación de empleo es mayor que la anticipada”.

Barreras al comercio mundial

La ralentización económica también se sentirá al otro lado del Atlántico. Para Estados Unidos, el organismo internacional avisa de que, de 2,9% de crecimiento este año se bajará hasta el 2,1% en 2020. También en China, enzarzada en una batalla comercial con Washington, la economía continuará su progresión a la baja, de 6,6% en 2018 a 6,0% dentro de dos años. Para estos dos países la OCDE lanza, una vez más, una advertencia seria: “Nuevas maniobras para aumentar las barreras al comercio bilateral dañaría a la producción en esas economías, con efectos adversos en el crecimiento global y en el comercio”.

Por el contrario, “una resolución rápida de las tensiones comerciales, o una ambición política estructural más fuerte en el mundo, podría mejorar la confianza y limitar el freno de las inversiones debido a la alta incertidumbre” reinante. Por eso, insiste la OCDE, es una “necesidad inmediata” que se “reduzca la incertidumbre frenando el deslizamiento hacia el proteccionismo y reforzando el sistema comercial internacional basado en reglas globales mediante un diálogo multilateral”.

En este sentido, Boone urge a actuar en la próxima gran cita de los jefes de Estado y de gobierno de las principales economías, el G20 en Buenos Aires a finales de mes. “Una acción concreta a nivel del G20 enviaría una señal positiva y ayudaría a demostrar que los países saben actuar de manera coordinada y cooperativa si el crecimiento se ralentiza de forma más fuerte de lo previsto”, considera.

Otro de los temas que preocupan a la OCDE es el del creciente precio del combustible, que en lo que va de año ha subido un 30% con respecto de 2017. La “continuada incertidumbre” sobre una potencial perturbación del suministro, especialmente en Venezuela e Irán, es responsable de una “volatilidad considerable de los precios” que amenazan también el deseado “aterrizaje suave” de la economía mundial.

Fuente: El País

2018-11-21T12:42:38+00:00