Iberdrola se ha adjudicaco el mayor número de lotes en la primera subasta fotovoltaica celebrada en Portugal. El secretario de Estado de Energía luso, Joao Galamba, confirmó que la eléctrica española se adjudicó el mayor número de lotes, aunque fue la francesa Akuo la que más potencia se llevó, 370 MW.

“Son extraordinarios resultados. Portugal consiguió una subasta con los mejores precios del mundo”, afirmó Galamba, quién detalló que uno de los lotes, de 150 MW, fue adjudicado a 14,76 euros/MWh, el valor más bajo a nivel mundial hasta la fecha.

El valor medio de la subasta, en la que se lanzaron a concurso 1.400 MW, rondó los 20 euros por MWh. El secretario de Estado, que aseguró que es una “gran noticia” para los consumidores portugueses, consideró que los precios alcanzados se deben al “gran potencial solar” que tiene Portugal y a que el diseño de la subasta “promovió la competencia entre los participantes”.

Los ganadores de las subastas, que aún no se han hecho públicos, concurrían a 24 lotes para construir centrales solares en las regiones centro y sur de Portugal y, una vez que su producción pase a la red,se triplicará la energía eléctrica que se genera actualmente en el país a través de paneles fotovoltaicos.

El expresidente de la Asociación Portuguesa de Energías Renovables (APREN), António Sá da Costa, que dejó el cargo el pasado marzo, explicó a Efe que uno de los problemas que tendrán que afrontar las ganadoras de los lotes es el plazo de la construcción de las plantas solares.

La subasta establece en 36 meses el plazo de ejecución y puesta en marcha de la planta, y a su juicio “será casi imposible” que cumplan por cuestiones burocráticas, sobre todo por las licencias ambientales.

Sá da Costa consideró que, entre las razones de las ofertas tan a la baja de las empresas participantes en la subasta, podría haber factores como que el precio de la tecnología de los paneles cada vez es menor,el interés de empresas por entrar en el mercado luso y el stock de fabricación, sobre todo en empresas chinas.

Fuente: Cinco Días