Farsens, sensores vascos sin batería que vuelan en dron

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Farsens, sensores vascos sin batería que vuelan en dron

Sus inicios son parecidos a los de otras muchas empresas que dieron sus primeros pasos al calor de una universidad. En este caso, la idea surgió en 2005 como un proyecto interno del centro de investigación CEIT-IK4, ligado a la Universidad de Navarra. Tras tres años de investigación y con unos resultados prometedores deciden generar una spin-off para poner en el mercado la tecnología desarrollada. Así, “en septiembre de 2008, parte del equipo que habíamos estado trabajando en ese proyecto en el centro como parte de nuestra tesis doctoral dimos el salto y constituimos la compañía”, explica su fundador, Daniel Pardo.

Los primeros años trabajaron para que la tecnología que habían heredado del centro de investigación evolucionara hacia un producto tangible. “Fue una apuesta fuerte porque, aunque las perspectivas del mercado eran (y siguen siendo) muy buenas, estábamos lejos de un resultado final, y necesitábamos desarrollar una idea que científicamente era factible en un artículo comercializable”, apunta.

Y lo consiguieron: hacen sensores inalámbricos sin baterías. Para ello, utilizan una tecnología por entonces ya conocida: la identificación por radiofrecuencia (RFID). Con ella consiguen convertir cualquier sensor del mercado, ya sea de temperatura, presión, humedad, deformación, etc., en inalámbrico, es decir sin cables… y sin baterías.

Para Pardo, esta última característica “es la más importante y la que nos distingue, ya que la energía necesaria para hacer funcionar a los sensores no viene de una pila, como pasa habitualmente en los de tipo inalámbrico, sino que la energía se la damos a través de la radiofrecuencia, que se envía desde un lector RFID a más de cinco metros de distancia”.

Nacieron en 2008 como un proyecto interno del centro de investigación CEIT-IK4 de la Universidad de Navarra

Efectivamente, Pardo y su equipo desarrollaron una tecnología capaz de alimentar esos sensores solo cuando se necesita una lectura. La energía procede del propio lector que recoge los datos, manda una señal al sensor en forma de ondas de radio, este transforma la onda para aprovechar su energía y devolver la información que contiene.

La comunicación no precisa de una visión directa, por lo que puede atravesar materiales como la madera y el hormigón, de ahí que se pueda enterrar en la tierra o incluir en la viga de una gran infraestructura.

Principales mercados

Desde el principio tuvieron claro que España se les quedaba muy pequeña –“nuestra presencia aquí es muy reducida. Se vende mejor en otros mercados, pero todo llegará”– y les interesaron mucho más otros países. Sus prioridades en cuanto a mercados las tienen muy claras: Estados Unidos, Europa (principalmente Alemania, Francia y Reino Unido) y Japón.

El 60% de su facturación proviene de Japón y Estados Unidos

“El resto también los atendemos, pero de una manera más reactiva. Nuestros productos se están utilizando en más de 40 países, pero nuestros esfuerzos los centramos en esos tres mercados”. De hecho, el 60% de sus ventas se deben a EE UU y Japón.

En cuanto a sus aplicaciones, “todos los días surgen nuevas. Lo bueno es que con esta tecnología se pueden resolver problemas que antes eran irresolubles”, remarca. Hay clientes que los están utilizando en el sector industrial para monitorizar la temperatura de los elementos rotativos de un aerogenerador, por ejemplo. Otros, del sector agrícola, los usan para monitorizar la temperatura y humedad de grandes plantaciones de hortalizas. En este caso, la lectura se realiza de manera automatizada desde un avión no tripulado.

“En muchas ocasiones, el uso de un dron en el que se incorpora un lector RFID permite aplicaciones que de otra manera serían imposibles. Actualmente, las de mayor potencial en ese sentido tienen que ver con la monitorización de grandes infraestructuras (viaductos, puentes, presas…) y de grandes extensiones de terreno agrícola”, comenta.

Pero van más allá. En Japón, por ejemplo, aprovechan los productos de Farsens para monitorizar el estado de infraestructuras que son sensibles a terremotos. También se están utilizando para supervisar la presión de los neumáticos de vehículos.

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Esta última fue precisamente una de las grandes oportunidades de la empresa, ya que cuando esta utilidad –en principio solo disponible en coches de alta gama– se hizo obligatoria en Europa para todos los vehículos nuevos a partir de 2014, ellos disponían de sensores capaces de realizar la monitorización de la presión de las ruedas y, además, inalámbricos. Esta cualidad hace que su solución sea más barata para el fabricante y más amable con el medio ambiente, ya que evita el reciclaje de estas piezas.

El futuro

“Tras unos años duros, con varios vaivenes por el camino”, hoy la empresa cuenta con un equipo de 12 personas, en su mayoría ingenieros altamente cualificados: cinco de ellos son doctores.
En cuanto al producto, Pardo considera que “está técnicamente bien posicionado”. Además, han logrado sensibles mejoras en los últimos años, sobre todo en distancia de comunicación. “En las primeras versiones, la distancia se limitaba a dos metros. Hoy estamos ofreciendo soluciones por encima de los cinco”, resalta.

“Aunque los años venideros son claves para nuestro crecimiento y expansión”, ya han conseguido dar beneficios. En este punto es esencial el correcto desarrollo de su producto estrella, el chip que permite obtener esos sensores inalámbricos sin batería. La nueva familia, en la que prevén que se soporte su crecimiento de los próximos años, se denomina Rocky100 y es su apuesta más fuerte.

Sus proyecciones pasan por cerrar este año en torno a los 700.000 euros de facturación y sobrepasar el millón de euros el año que viene. Durante estos años, la financiación ha sido clave y sus necesidades se han ido cubriendo gracias a recursos tanto privados como públicos. “Tenemos unos socios que apostaron por nosotros desde el principio, como Capital Riesgo País Vasco, y otros que se incorporaron en una etapa posterior, como Ambar VC y Arteche, que nos han apoyado y acompañado en este proceso”.

En el ámbito público, han arañado financiación tanto del Gobierno vasco como de fondos nacionales y europeos. En este sentido, destacan por haber sido una de las primeras empresas españolas beneficiarias del programa Instrumento Pyme, dependiente de Bruselas.

Datos técnicos de interés

Fundador Farsens. Daniel Pardo, fundador y máximo responsable de Farsens.

Premios. El fundador de Farsens, el ingeniero de telecomunicaciones David Pardo, recibió con 32 años el Premio Innovadores Menores de 35 España 2015, otorgado por MIT Technology Review, así como el Premio Toribio Echevarria, galardón del Ayuntamiento de Eibar que reconoce la labor de los emprendedores. Además, han sido finalistas en la RFID Best in Show Product, en 2014, y en la feria RFID Journal Live USA, en 2017.

Innovación. Instituciones internacionales de investigación y tecnología tan prestigiosas como el MIT apuestan por los productos de Farsens. De hecho, sus universidades colaboradoras, Harvard, Washington o Duke, decidieron hace varios años integrar sus sensores inalámbricos en drones para explorar nuevas fuentes de recolección de datos.

Crecimiento. Este y el próximo año serán claves para la empresa. Esperan cerrar el presente ejercicio con una facturación cercana a los 700.000 euros y alcanzar el millón en 2018.

Empleados. La empresa vasca cuenta con una plantilla joven pero muy cualificada. En total son solo 12 personas y la mayoría son ingenieros, siendo cinco de ellos doctores, incluido su fundador.

Fuente: Cinco Días

2017-08-24T05:12:20+00:00

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