El poder de los ecosistemas digitales

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La digitalización está trazando múltiples caminos de transformación que obligan a las organizaciones a revisar sus fundamentos, modelo de negocio, operaciones, estructuras y procesos. La continua ‘fase beta’ que nos brinda la revolución digital modifica la propia definición de la economía y la forma en la que la entendemos. En este contexto, tenemos que hablar también de la revisión del concepto de industrias.

La definición tradicional de sectores –considerados desde un punto de vista de establecer fronteras que delimitan la actividad en las que operan las compañías– se queda obsoleta ante la irrupción de la era de ecosistemas digitales que cambian las reglas bajo las cuales las organizaciones generan y capturan valor. En un mundo en el que la geografía deja de ser una limitación, el buen entendimiento de los ecosistemas en los que podemos operar, se vuelve crítico.

Los ecosistemas digitales se pueden definir como conjunto de productos y/o de servicios que están conectados entre sí. Basan su fuerza en: el efecto red que generan, el control de puertas de acceso a determinados servicios y productos que adquieren los usuarios, y la generación, y por ende explotación, de una gran cantidad de datos. Los ecosistemas digitales han ido emergiendo con el avance de las grandes empresas tecnológicas –en su mayoría nativas digitales– que, centradas siempre en el usuario, han ido generando su oferta de productos (y/o servicios) complementarios y adyacentes al core de su actividad. Todo esto traspasando las fronteras sectoriales y con la vista puesta en los mercados globales. Compañías como Amazon, Google, Alibaba, Tencent o Ping ya no compiten dentro de un sector, sino que ofrecen a los clientes una experiencia integrada de servicios.

Así, cuando pensamos en ecosistemas ya no podemos hablar del automóvil sino del ecosistema de movilidad; los seguros o hipotecas se integran bajo el paraguas del ecosistema de housing; los contenidos y videojuegos emergen dentro del de contenidos. Y así, sucesivamente, con todos los sectores que se reagrupan bajo nuevas reglas y cuyo denominador común es la generación de sinergias multisectoriales que ofrecen al cliente una experiencia única, integrada y que satisface sus múltiples necesidades.

En vista de la expansión de ecosistemas digitales –según datos de McKinsey– se estima que en una década contaremos con al menos 12 ecosistemas globales cuya cifra de negocio alcanzaría 63 millones de millones de dólares – la pregunta fundamental es: ¿cómo competimos en esta nueva realidad?

El principal reto al que se enfrentan las compañías reside en ver el mundo digital como una oportunidad. La transformación empieza por abrir horizontes y redibujar nuestro potencial campo de actuación. En el mundo de ecosistemas digitales, este cambio comienza por la cultura empresarial y por salir de nuestra zona de confort. Ya no operamos dentro de una determinada geografía: la escala es global. En este sentido, no podemos acotarnos a ofrecer productos que están dentro de los límites de nuestro sector tradicional, hay que buscar oportunidades en contextos adyacentes y apostar por servicios que ofrezcan soluciones más completas, globales y, como comentábamos, centradas en el usuario.

¿Cómo articularlo? Primero, hemos de apalancar la tecnología en el core de nuestras actividades como facilitadora de cambio. Segundo, el impulso de la nueva cultura ha de pasar por creación y formación del talento que nos ayude a crear capacidades que permitan ampliar la visión de nuestro mercado y oferta; y tercero, y lo más importante, el cliente tiene que estar en el absoluto centro de nuestras estrategias. Por último, y no menos importante, el mindset de ecosistemas digitales está también estrechamente ligado a la innovación, ésta nos ayudará a evaluar y redefinir el mercado en el que realmente estamos compitiendo y nos ayudará a crear alianzas para ampliar las redes de conexión dentro de nuestro ecosistema.

Con todo lo mencionado, el desarrollo de nuevas capacidades y talento junto con la creación de una cultura basada en metodologías Agile serán claves para transformar nuestro modelo operativo y crear nueva oferta de productos y servicios que generen experiencias de alto valor para los clientes. La agilidad es inherente a la transformación digital y ecosistemas porque pasamos a un escenario mucho más dinámico.

En definitiva, para ser competitivos y tener éxito en el entorno actual, las organizaciones deben entender como competir en un entorno de ecosistemas digitales. Para ello, será crítico tener una propuesta de valor atractiva, abierta y centrada en el usuario, así como preparar a nuestra compañía para el cambio de modelo operativo, estructura y, sobre todo, cultural, que nos permita construir las capacidades necesarias para este nuevo reto.

Luis Ferrándiz es socio de McKinsey&Company

Fuente: Cinco Días

2018-08-31T05:29:59+00:00