El mea culpa de Dankse Bank solo calmará en parte la ira de EE UU

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Un informe interno sobre blanqueo de dinero a través del mayor banco de Dinamarca por activos –acompañado de la renuncia inmediata del CEO, Thomas Borgen– es la última novela negra escandinava. El problema de Danske es que quedan giros desa­­gradables en la trama.

El muy esperado informe es, como se esperaba, irrecusable. Los 200.000 millones de euros en pagos que fluyeron a través de su filial en Estonia entre 2007 y 2015 son más de lo que se temía. “Una gran parte” de los 6.200 clientes examinados hasta ahora han sido clasificados como sospechosos, lo que significa que mostraron señales de alarma obvias, como compartir domicilios con otras entidades consideradas sospechosas, o generar de repente grandes pagos sin explicar.

A Danske le costará demostrar que no se dio cuenta. El regulador estonio y el banco central ruso ya avisaron en 2007 de problemas en la filial estonia.

Danske consideró que migrar las actividades del Báltico a los sistemas principales de TI era demasiado caros, a pesar de que la sospechosa “cartera de no residentes” solía generar más de dos tercios de los beneficios anuales antes de impuestos de la división de Estonia y en 2011 este país generó el 10% del beneficio total antes de impuestos. Más de un quinto de los fondos provenían de Rusia.

El principal problema de Danske ahora es que buena parte de los pagos sospechosos fueron en dólares, lo que prácticamente garantiza una reacción agresiva de EE UU. En el escenario más extremo, suponiendo que todas las transacciones fueran irregulares y la multa impuesta fuera proporcional a las que recibieron Deutsche Bank y BNP Paribas, podría llegar a los 7.117 millones de euros, según Jyske Bank.

Eso sí, a diferencia de BNP, cuyo presidente, Baudouin Prot, no se fue hasta después de tragarse una multa de 7.717 millones de euros en EE UU por saltarse el bloqueo a varios a países, en Danske han rodado cabezas preventivamente.

Aun así, como jefe de actividades bancarias internacionales antes de ascender a CEO en 2013, Borgen habría tenido que irse de todos modos. Danske debería prepararse para un desenlace desagradable.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Belén Juárez, es responsabilidad de CincoDías

Fuente: Cinco Días

2018-09-19T19:52:59+00:00