El hombre que viene a regar de dinero las tecnológicas

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Masayoshi Son (Tosu, Japón, 1957) sabe lo que es convertirse en el hombre más rico del mundo. Ocurrió en el año 2000, cuando al presidente de la compañía de telecomunicaciones Softbank llegaron a corresponderle 78.000 millones de dólares –unos 67.000 millones de euros– de los 180.000 millones de dólares en los que el mercado valoró su firma.

La felicidad le duró tan solo “tres días”, como él mismo reconoció en tono jocoso en una entrevista, y le sirvió para volver a conectar con el ambiente humilde en el que creció. Sus dos últimos proyectos, invertir cerca de 2.000 millones de euros en los vehículos autónomos de la firma norteamericana General Motors y 51.000 millones de euros en un proyecto solar en la India reflejan su debilidad por la innovación en proyectos tecnológicos.

Durante gran parte de su vida, Son se apellidó Matsumoto. Sus padres, inmigrantes coreanos, cambiaron de nombre durante la ocupación japonesa de Corea en la Segunda Guerra Mundial. Su padre era pescador y la familia sufría dificultades económicas para mantener a los cuatro hijos. Su infancia transcurrió entre Tosu y Fukuoka, el mayor semillero de startups del país. En 1973, Masayoshi, con apenas 16 años, formó parte de un programa de intercambio y se marchó a EE UU

Después de convencer a sus padres, volvió a cruzar el Pacífico para estudiar Economía y Ciencias de la Computación, primero en la Universidad Holy Names de Oakland y luego en la de Berkeley, en California. Allí conoció al profesor de Física Forrest S. Mozer, inventor del primer sintetizador electrónico de voz y que Son vendió por 423.000 dólares a la compañía Sharp.

Tras el que fue su primer gran negocio, se graduó en 1980 para volver a Japón un año más tarde. Recuperó el apellido de sus abuelos y fundó Softbank para comercializar software y productos informáticos ante el creciente interés de los inversores.

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En 1999, la revista Forbes estimó que había invertido alrededor de 900 millones de dólares –cerca de 765 millones de euros– en ocho compañías relacionadas con internet, entre ellas Yahoo y Alibaba. “Cuando Jack Ma –fundador de Alibaba– llegó a mí no tenía un plan de negocio. En ese momento yo solo tenía 30 o 40 empleados, pero la chispa de sus ojos, tan fuerte, me convenció totalmente para invertir en él y en su idea”, reconoció sobre el propietario del gigante del comercio electrónico.

La ambición de Son no tenía límites. David Wei, ex CEO de Alibaba.com, confesó a Reuters en 2014 que le llamaba El Señor Diez Veces, debido a que cuando algún empresario le ofrecía su modelo de negocio, la primera pregunta que hacía el empresario nipón era: “¿Puede tu idea ser diez veces más grande?”. 

Pero entonces llegó el año 2000 y con él, el estallido de la burbuja de las punto com. La especulación en torno a las incipientes empresas de internet estuvo a punto de llevar a la quiebra a Son. Aquel año, las acciones de Softbank descendieron un 77% y el empresario nipón batió un récord: perdió 70.000 millones de dólares –60.000 millones de euros– la mayor cantidad hasta la fecha en la historia de los negocios.

Aquella debacle marcó un punto de inflexión para Son, que se vio obligado a diversificar el modelo de negocio de Softbank. Se convirtió en propietario del equipo de béisbol de Fukuoka, los Softbank Hawks, y relanzó Yahoo poniendo en marcha Broadband!, un servicio de banda ancha para ampliar servicios en el entramado de las telecomunicaciones de Japón.

El impulso definitivo llegó en 2006, tras una reunión con el entonces CEO de Apple, Steve Jobs. “Llevé un dibujo de un ipod con funciones de un teléfono móvil, pero Jobs me dijo ‘Masa, ya tengo el mío’; dije que vale, pero que cuando tuviese su producto listo, quería ser yo el que lo comercializara en Japón”, explicó Son en una entrevista concedida a Bloomberg.

“Luego Jobs me dijo que ni siquiera tenía una compañía telefónica, pero me había dado su palabra”, recordó. Entonces compró Vodafone Japan y adquirió así los derechos para vender el iPhone en el gigante asiático, siendo la única compañía en distribuirlo hasta el lanzamiento del modelo 4S en 2011, cuando compartió por primera vez los derechos con la empresa Au.

En 2016 su nombre apareció en los Papeles de Panamá, que destaparon uno de los mayores casos de evasión fiscal de todo el mundo. Son reconoció que “le sorprendió” su vinculación y explicó que fue una de las filiales de Softbank la que invirtió en una de las compañías implicadas en el escándalo “como accionista minoritario”, pero no para evadir impuestos.

Son es, por detrás del magnate del comercio minorista Tadashi Yanai, la segunda fortuna de Japón con 18.000 millones de euros de patrimonio y uno de los 100 personajes más ricos del mundo según la revista Forbes. En la nueva era digital, el empresario nipón se mueve como pez en el agua: selecciona los proyectos en función de su innovación y, como siempre, lo hace buscando multiplicar la idea por diez.

Fuente: Cinco Días

2018-06-09T14:56:52+00:00