Meliá, la mayor cadena hotelera de España, asegura que la inestabilidad del último trimestre en Cataluña por el desafío independentista le ha costado unos tres millones de euros. Así lo ha explicado este miércoles el consejero delegado del grupo, Gabriel Escarrer, en la primera jornada de la feria turística Fitur, que se celebra esta semana en Madrid. Según el directivo, la crisis se ha dejado notar especialmente en el mercado del turismo de eventos, más afectado por la inestabilidad y que coge impulso además al término del periodo vacacional de verano.

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Meliá se ha sumado a NH, que el lunes reconoció que la crisis catalana le ha costado dos millones en su resultado de explotación (ebitda). Escarrer no ha dado demasiados detalles, más allá de cuantificar en tres millones también en su ebitda, que ascendió a 254 millones de euros hasta septiembre de 2017 el coste de la inestabilidad, pero sí ha admitido que lo acontecido en Cataluña desde el referéndum del 1 de octubre «ha tenido una incidencia muy importante».

Escarrer ha explicado que el segmento de los hoteles urbanos «tiene su temporada alta en los últimos meses del año», al término del verano, justo cuando la zozobra por el desafío independentista ha alcanzado sus cotas más altas, especialmente a raíz del reférendum ilegal del 1-O. «La inestabilidad económica ha pasado factura», ha dicho, antes de dar por buenas las cifras manejadas por Exceltur, que sitúa el coste para el sector turístico en Cataluña en los 300 millones de euros.

«En el caso de Meliá han sido tres millones», ha añadido Escarrer. «El mes de octubre fue nefasto», ha afirmado, para admitir que «la situación mejoró un poco» con la aplicación del artículo 155 de la constitución a finales de octubre. El directivo ha puntualizado que ha mejorado un poco el segmento del viaje de negocios, pero no tanto el de «eventos o congresos, que tiene un componente alto de mercado internacional, que se planifica con antelación» y que no se recuperará, a su juicio, «hasta que no haya cierta estabilidad en la zona».

Fuente: El País