El Gobierno había mostrado señales claras de que quería incrementar el número de años con los que se calculan las pensiones. El actual responsable máximo de la Seguridad Social, Tomás Burgos, ya había advertido en abril del año pasado de que “la relación entre pensión y salario tiene que ser más realista”, es decir, que lo que se cobra cuando alguien se ha jubilado se acerque más a lo que ha cotizado cuando trabajaba. Y la vía más directa para eso es ampliar el periodo que se toma para calcular la prestación inicial al retirarse del mercado laboral.

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Ese periodo está ahora en 21 años. La reforma de pensiones de 2011, la que retrasó la edad legal de jubilación de 65 a 67 años, también estableció un aumento progresivo de ese periodo de 15 años hasta 25 años en 2022. La iniciativa del PP, explica Camps, no detalla si debería continuar más allá de ese año. Lo que sí hace es enunciar que hay que ampliar el llamado periodo de cómputo a toda la vida laboral, “tal y como pasa en otros países, en lo que también se permite al trabajador desechar los años con cotizaciones más bajas”. ¿Cuántos? Camps no concreta, pero deja claro que no pueden ser muchos, porque de lo contrario el gasto del sistema se podría disparar. “Entonces no tendría sentido”.

La ministra Báñez tomó el lunes en una entrevista en TVE la parte más amable de esta propuesta: «Algunos trabajadores que han tenido unas cotizaciones muy altas al principio o a mitad de su vida laboral y en estos últimos años por razones de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE) o porque ha tenido que ponerse a trabajar por su cuenta como autónomo (se han reducido sus cotizaciones)… estamos pensando, y se está trabajando en el Pacto de Toledo, en que se pueda tener en cuenta no solo los últimos años de cotización, sino incluso poder elegir durante toda su carrera laboral, porque mejoraría su pensión futura. Es una propuesta del grupo parlamentario popular en el Pacto de Toledo».

¿Por qué la más amable? Porque quienes pierden pasados los 45 o 50 años tienen muy difícil volver a encontrar empleo en el mercado laboral español, y todavía más volver a tener los sueldos –y las bases de cotización correspondientes- que tenían antes. Esto supone que en sus últimos años de vida laboral se estropea su carrera de cotización y acaban recibiendo una pensión más baja.

No obstante, también es verdad que este colectivo no es la mayoría del mercado laboral y que, cuando se amplía el periodo de cómputo de las pensiones, eso suele traducirse en pensiones más bajas al jubilarse o, al menos, en tasas de reposición más bajas sobre los últimos salarios recibidos. La teoría dice que los sueldos de los trabajadores van subiendo conforme ganan en experiencia y productividad y, por tanto, si se toman los años más próximos a la jubilación la pensión final es más alta.

Fuente: El País