Los Diecinueve alcanzaron la pasada madrugada un acuerdo para crear un presupuesto de la zona euro que financie reformas e inversiones. El pacto para esa herramienta, que está llamada a ser clave para afrontar futuras crisis, deja varios asuntos pendientes y refleja el enorme abismo que aún existe entre varios países en el terreno fiscal. Los socios fueron incapaces de fijar asuntos clave, en concreto, cómo lo financiarán y su dotación. Francia y España lograron frenar las duras condiciones que querían imponer los halcones, en especial Holanda, para acceder a esos recursos. Sin embargo, no pudieron atar ninguna fórmula para que ese instrumento tenga también una función anticíclica.

MÁS INFORMACIÓN

Tras 15 horas de reuniones bilaterales y discusiones, los ministros de la zona euro sellaron a las 4.40 otro acuerdo de mínimos fruto de los difíciles equilibrios entre países. Los socios del euro dieron otra patada hacia adelante a la hoja de ruta para un fondo de garantía de depósitos comunitario, que vuelve a estar en respiración asistida. El comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici, mostró su «decepción» por no haber avanzado en ese tercer pilar fundamental de la Unión Bancaria, de suma importancia para poder romper el vínculo entre el sector bancario y la deuda soberana.

Una vez asumidos esos progresos limitados, el meollo era el presupuesto de la zona euro. Y ahí los socios llegaron el jueves a Luxemburgo con unas enormes diferencias. Impulsado a finales del año pasado por el eje francoalemán, este instrumento levantó ampollas sobre todo en Holanda, que acudió al Eurogrupo arropada, con mayor o menor fervor, por otros países nórdicos y bálticos que defienden la disciplina fiscal. Hace un año, cuando la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron acordaron crear un presupuesto para el euro, Holanda logró articular un grupo de 12 países que se oponía fieramente a cualquier intento. Por esa razón, Moscovici pidió que no se despreciara la «importancia simbólica» del documento firmado.

El vaso de agua que tenía el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno, durante su comparecencia estaba por debajo de la mitad. Aun así, lo vio medio lleno. «Hoy hemos dado un número de pequeños pasos que combinados dan como resultado un progreso real», sostuvo. Para el ministro francés de Finanzas, Bruno Le Maire, el acuerdo fue una «minirrevolución», mientras que para Alemania se trata de «un gran salto», en palabras de su ministro Olaf Scholz.

Ahora bien, ni desde la Comisión Europea, que cree imprescindible que la zona euro disponga de mecanismos estabilizadores, ni desde países como España se dan los trabajos por terminados. La ministra de Economía, Nadia Calviño, se felicitó de que el presupuesto deje «abiertas» todas las posibilidades y se mostró convencida de que llegará el momento en el que la zona euro podrá desarrollar su política fiscal comunitaria.

Discrepancias entre Holanda y España

El documento fija como primer punto y «objetivo clave» incrementar el «grado de convergencia y competitividad» dentro de la zona euro mediante reformas estructurales e inversiones. Y ahí anoche ya se libró una batalla. Holanda exigía limitarlo solo a la ejecución de reformas, lo cual España rechazaba de plano. De hecho, fuentes comunitarias explicaron que durante la reunión hubo no pocos rifirrafes entre el ministro holandés, Wopke Hoekstra, y la titular de Finanzas española, Nadia Calviño. «Todas las opciones siguen estando abiertas. Hemos conseguido que el instrumento no se dirija a una orientación que fuera contraria a los intereses que hemos venido defendiendo», sostuvo la ministra.

Según el papel, las reformas estructurales y las inversiones obedecerán a las líneas fijadas por los países miembros, que se irán revisando anualmente. En función de los costes estimados, los socios recibirán contribuciones financieras directas desde ese fondo. Periódicamente, los países deberán dar cuenta de la evolución de los proyectos y, en caso de que estos evolucionen de forma «no satisfactoria», los pagos serán «suspendidos».

Fuentes diplomáticas explicaron que dos cuestiones se discutieron con especial intensidad. La primera, Holanda quería condicionar la recepción de los fondos a cuestiones macroeconómicas y presupuestarias, es decir, a que se cumplieran a rajatabla objetivos de déficit y deuda. Francia y España, según estas fuentes, lograron que no fuera así. En el actual documento, se fija como condición el cumplimiento del reglamento de disposiciones comunes, es decir, las mismas para acceder, por ejemplo, a los fondos estructurales.

Cuestiones pendientes

Sin embargo, Holanda pudo apuntarse una media victoria. En versiones anteriores, España había hallado una fórmula que aportaba una cierta función de estabilización económica durante crisis económicas. A falta de definir una fórmula concreta para los ingresos, sí habrá una tasa de cofinanciación nacional para los proyectos. El primer borrador de anoche fijaba que para favorecer la convergencia en caso de crisis el país podía dejar de realizar esa aportación y seguir recibiendo recursos comunitarios. Sin embargo, Holanda se negó a esa redacción, de modo que la «tasa de cofinanciación nacional podría variar» de acuerdo con criterios «trasparentes y comúnmente acordados» entre los países miembros.

El presupuesto, no obstante, deja abiertos dos asuntos no menores. El primero, su cuantía. Fuentes comunitarias sostuvieron que se fijará dentro del Marco Financiero Plurianual. Aun así, se habla de una cantidad muy limitada, de alrededor de 17.000 millones de euros. «El nuevo presupuesto puede empezar siendo pequeño, pero hay que darle potencia para hacerlo crecer», sostuvo Le Maire. El otro gran asunto es cómo se financiará. Ahí los ministros pasaron la pelota a los jefes de Estado y de gobierno, quienes el próximo viernes celebrarán la cumbre del euro. Pero dada la agenda del Consejo de la semana que viene, Calviño dudó de que lleguen a un pacto al respecto en solo una semana.

También quedan cuestiones de gobernanza por resolver, pero el Eurogrupo recordó que se trata de un acuerdo político que debe materializarse en textos legales. Sin embargo, la gran asignatura pendiente para Bruselas y varios países, entre ellos Francia y España, es que ese instrumento sirva para estabilizar economías en crisis. «Hay dimensiones que no podemos olvidar: la financiación y la gobernanza y la estabilización. La Comisión todavía piensa que necesitamos un mecanismo de estabilización para paliar shocks y promover una convergencia real», sostuvo el comisario. El director del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), Klaus Regling, concluyó: «Eso ocurrirá, pero aún no es el momento».

Fuente: El País