La jefa del BCE deja de jugar. Lagarde dispara su primera gran bala como banquera central. El BCE ha anunciado esta noche en una reunión imprevista y de urgencia lanzar un programa de 750.000 millones de euros de compra de bonos, tanto públicos como corporativos y de entidades financieras hasta final de año. El objetivo: poner orden en el mercado de una vez y para siempre y evitar que se expanda el virus a la deuda soberana de los países más vulnerables, como España e Italia. Las compras se ejecutarán, al menos, hasta final de año.

Las compras de este gigantesco programa se llevarán a cabo además de forma flexible. Cuando las implantó Draghi en 2015 con los halcones alemanes en contra, el BCE solo podía comprar la deuda en función del peso de cada uno de los países en la UE. Ahora no. Podrá comprar casi todo lo que le apetezca –eso sí, serán empresas con grado de inversión, BBB-–, cuando y como le apetezca. Sin tener en cuenta de manera minuciosa activos o países. «Esto permite que haya fluctuaciones en la distribución de los flujos de compra a lo largo del tiempo, entre clases de activos y entre jurisdicciones», sentencia en un comunicado. Es más, por primera vez comprará deuda de Grecia, un país vetado debido a su baja nota crediticia.

En un hecho sin precedentes el BCE deja además en el tapete la posibilidad de revisar su propio mandato. En tiempos de Trichet, era una osadía pensar que el Banco Central pudiera hacer algo más que subir o bajar el precio del dinero. «En la medida en que algunos límites autoimpuestos puedan obstaculizar las medidas que el BCE debe adoptar para cumplir su mandato, el Consejo de Gobierno considerará la posibilidad de revisarlos en la medida necesaria para que su actuación sea proporcional a los riesgos a los que nos enfrentamos. El BCE no tolerará ningún riesgo para la buena transmisión de su política monetaria en todas las jurisdicciones de la zona del euro», sentencia.

En principio, las compras seran en 2020, pero el BCE abre la puerta a que continúen más allá del 31 de diciembre de este año. «Pondrá fin a las compras de activos netos en virtud una vez que juzgue que la fase de crisis del coronavirus Covid-19 ha terminado, pero en cualquier caso no antes de finales de año». La exministra francesa se compromete a que el BCE actuará hasta que la pandemia esté vencida de una vez y para siempre. Ha pasado así de ser una de las banqueras más cautas a la más intrépida en menos de una semana.

Respaldo contundente

El banco ha querido mandar un mensaje contundente de respaldo a los países de la Europa periférica. «El Consejo de Gobierno del BCE está comprometido a jugar su papel para apoyar a todos los ciudadanos de la zona euro», sentencia el comunicado. Y añade que se asegurará de que todos los sectores de la economía –incluidas las familias, las empresas y los gobiernos-–se beneficien de estas condiciones para mitigar el impacto de la pandemia.

«El BCE hará todo lo necesario para cumplir su mandato», reza el comunicado. Lagarde emula así uno de los momentos más decisivos de la economía europea en los últimos años. Cuando su precedesor en el cargo espetó la frase «haré lo que haga falta para salvar al euro», en julio de 2012, con los intereses de los bonos españoles a 10 años por encima del 10%.

La expresidenta del FMI corrige el miniprograma de 120.000 millones de euros de compra de activos que anunció el pasado 12 de marzo. La reacción en este caso es de similar tamaño a la desplegada del pasado domingo por la Reserva Federal, que anunció un programa de compras por 700.000 millones de dólares (unos 630.000 millones de euros).

Además, el banco ha ampliado su  programa de compras de deuda corporativa a pagarés de entidades no financieras. Esto quiere decir que interviene en el mercado de deuda a corto plazo, el que usan grandes corporaciones para cubrir necesidades financieras del día a dia. La entidad también ha flexibilizado el tipo de colateral con el que los bancos pueden acudir a la subastas de liquidez que organice el banco central. Ahora los bancos podrán depositar préstamos al sector empresarial como garantía para pedir liquidez al BCE.

La nueva presidenta del BCE manda así también un contundente mensaje interno. Esta misma mañana el gobernador del Banco de Austria y miembro del Comité afirmaba que la institución comunitaria ya había usado la mayoría de sus instrumentos y que iba a defraudar al mercado. Inmediatamente después, el propio BCE emitió una nota que desautoriza a uno de sus más acérrimos halcones.

Pero todo esto provocó ya una tormenta en el mercado de deuda. El bono español a 10 años llegó a pagar un rendimiento (que se mueve de forma inversa al precio) por la mañana del 1,3% y la prima de riesgo –la diferencia entre el rendimiento del bono nacional y del alemán– rozó los 170 puntos básicos. Incluso llegó a atacar el récord del Brexit, por encima de los 160. Pero al cierre se calmó. Cerró en el 1,242%. La prima de riesgo se situó en 147,1 puntos básicos, máximos desde el verano de 2016, pero no más atrás.

El Banco Central empezó a comprar deuda italiana para calmar a los mercados. Y lo consiguió junto a dos ideas clave. Un posible uso del fondo de rescate (MEDE) y una eventual emisión de bonos comunitarios. Pero esta misma noche la propia Lagarde decidió convocar de urgencia al propio consejo para mandar un mensaje de calma al mercado.

Fuente: El País