El BCE rebaja sus previsiones de crecimiento pero mantiene sus planes de retirada de compra de activos

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La economía de la zona euro, que marchaba a velocidad de crucero, empieza a atravesar turbulencias. Europa trata de mantener el pie en el acelerador para hacer frente a los vientos de cara que le llegan desde fuera por las guerras comerciales abiertas por la Administración de Donald Trump y por las crisis de economías como la turca y la argentina. Pero también soplan desde dentro, con las amenazas italianas a la Comisión Europea de abandonar la disciplina fiscal.

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El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, exhibió serenidad en los mandos de la nave. Pese a rebajar las expectativas de crecimiento de la eurozona, decidió mantener intacta la hoja de ruta para el año que le queda de mandato: la retirada –progresiva— de la compra de activos en diciembre y el mantenimiento de los tipos de interés al menos hasta el “verano de 2019”.

En la recta final de su presidencia, Draghi se enfrenta a la tarea de ir retirando las políticas expansivas del BCE sin dañar a una economía cuyo crecimiento se enfrió durante el primer semestre del año. El jefe del Eurobanco admitió tras el Consejo de Gobierno, celebrado en Fráncfort, que “todavía es necesario un estímulo significativo” que provenga de la mano de la política monetaria.

Por ese motivo, tras haber inyectado 2,5 billones de euros al mercado con su programa de compra de activos (APP), agotará sus últimos tres cartuchos de 15.000 millones de euros mensuales. Una vez acabado, seguirá aportando liquidez con la reinversión de la deuda que vaya venciendo “durante un periodo prolongado” y “necesario”. Y por último, mantendrá los tipos de interés en su mínimo histórico del 0,00% —y del 0,40% negativo en el caso de la facilidad de depósito— al menos hasta el verano del año que viene.

Todos esos planes están sujetos a la misma apostilla: “Siempre que los nuevos datos confirmen las perspectivas de inflación a medio plazo”. El Eurobanco, de momento, mantiene las previsiones de que siga alrededor del 1,7% en los próximos tres años. Sí modificó las perspectivas de crecimiento para economía de la eurozona y las rebajó en una décima para este año y el que viene, de modo que el producto interior bruto avanzará un 2% y un 1,8%, respectivamente.

Riesgos “limitados” de Turquía

Esa décima menos es el precio que, de momento, están teniendo esos vientos de cara. Draghi se refirió a ellos como “incertidumbres”, aunque en la rueda de prensa posterior advirtió en especial sobre una de ellas: el “proteccionismo creciente”. El jefe del BCE avisó de que esas políticas pueden convertirse en un lastre si la “escalada” acaba extendiéndose y convirtiéndose en una “guerra comercial” y resaltó los efectos que puede tener en la “confianza” de los mercados.

La batalla arancelaria ha sido uno de los desencadenantes, precisamente, de la crisis turca. La caída de la lira turca por las represalias adoptadas por Trump y los desequilibrios de esa economía provocaron caídas en las bolsas de todo el mundo, pero sobre todo en las europeas, lo cual alertaba sobre los riesgos de contagio que suponía esa escalada. Draghi, quien sí admitió que la “volatilidad” de los mercados financieros es otro de los problemas que afronta la eurozona, quitó hierro a esa posibilidad al considerar que el “efecto” que pueden tener crisis como las de Argentina o Turquía –pero también China, alertó— es todavía “limitado” y es más probable en países con fundamentos más débiles, es decir, con deudas abultadas, déficit excesivos o boquetes en su saldo exterior. Sí admitió “situaciones individuales” de entidades expuestas de forma significativa a “crisis locales”, refiriéndose a las participaciones que grandes bancos europeos como BBVA, BNP Paribas o Unicredit tienen en Turquía. Aun así, insisitió en que no habían afectado al conjunto de la zona euro.

Con España a punto de salir del procedimiento de déficit excesivo, la amenaza interior ahora es Italia. El comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, insistió este jueves en hablar de su gobierno como un “problema”. Draghi no fue tan lejos, pero ya en su discurso, aunque sin citarlo, lanzó una pulla al ejecutivo de Giuseppe Conte al advertir a los países de la zona euro de que, además de seguir con las reformas, debían cumplir con las reglas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. “Es particularmente importante en países donde la deuda pública es elevada”, zanjó.

En el turno de preguntas, fue más concreto. Afirmó que espera “hechos”. Es decir, un borrador de los Presupuestos de 2019. También dijo que se queda con el compromiso del primer ministro y los responsables de Finanzas y Exteriores con que cumplirían con los objetivos fijados por la Comisión Europea. Y si bien la práctica demuestra que las declaraciones políticas pueden quedarse perfectamente en eso, en simples proclamas para alborotar el gallinero, en el caso italiano volvieron a agitar el fantasma de la prima de riesgo y el posible contagio a otros países. De forma lacónica, Draghi aceptó que, en efecto, “las palabras han causado algún daño”.

Tras la intervención de Draghi, las bolsas europeas bajaron, aunque de forma suave, mientras que el euro siguió subiendo frente al dólar.

Fuente: El País

2018-09-13T15:27:44+00:00