Las autoridades japonesas han vuelto a detener este jueves a Carlos Ghosn, expresidente del grupo automovilístico que agrupa a Renault, Nissan y Mitsubishi. El cargo ahora es la supuesta apropiación de fondos de la compañía para su beneficio personal. El nuevo arresto, el cuarto en menos de cinco meses, llega apenas un mes después de que se le concediera la libertad bajo fianza y una semana antes de una rueda de prensa en la que planeaba contar su versión completa del caso.

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Según la cadena de televisión japonesa NHK, el arresto se relaciona con unos pagos sospechosos a partir de 2015 a una distribuidora en Omán gestionada por un conocido suyo, en los que los fiscales opinan que pudo haber malversación. El miércoles, la matriz de Renault había anunciado que no acepta pagarle la onerosa renta de jubilación que había solicitado el otrora poderoso empresario ni la parte de su salario variable de 2018, el año en que comenzó su cuesta abajo.

En un comunicado distribuido por sus abogados, Ghosn ha calificado su nueva detención, ocurrida en su domicilio en Tokio a primeras horas de la mañana, como “escandaloso y arbitrario”. Es “otro intento de parte de individuos de Nissan para confundir a los fiscales y silenciarme”, ha agregado; “soy inocente de todas las acusaciones infundadas presentadas contra mí, y de todos los actos que se me reprochan”.

Ghosn fue detenido por primera vez el 19 de noviembre del año pasado y se le concedió la libertad bajo fianza este 6 de marzo, tras 108 días bajo arresto. El directivo caído en desgracia está acusado de violar la confianza de Nissan por una serie de pagos irregulares y de haber cometido fraude fiscal por haber ocultado presuntamente una serie de compensaciones económicas pactadas con esa automovilística desde 2009.

Según NHK, en el nuevo cargo que se le imputa, Ghosn dirigió parte de los fondos de Nissan a la distribuidora omaní, en una operación de la que los fiscales sospechan que hizo perder 563 millones de yenes (cuatro millones de euros) a la compañía. Parte de ese dinero se desvió a una falsa empresa en Líbano. De esa cantidad, una parte pudo emplearse en pagar el yate personal del empresario, y el resto pudo acabar en una empresa de inversiones estadounidense gestionada por un hijo del empresario

En un gesto inusual, Ghosn había anunciado este miércoles una rueda de prensa el 11 de abril «para contar la verdad de lo que está sucediendo». Lo inesperado del anuncio y, sobre todo la forma del mismo, a través de una cuenta de Twitter recién creada, generó al principio dudas sobre su autenticidad, aunque esta fue confirmada por sus portavoces en Francia. En solo unas horas y a pesar de haber enviado apenas dos mensajes —el mismo, en inglés y en japonés— su cuenta sumaba ya más de 30.000 seguidores, muestra del interés que suscita el exdirectivo de origen franco-libanés.

Mientras, en París, el consejo de administración de Renault informó también de que la auditoría interna iniciada tras la detención de su expresidente halló que «algunos gastos» en los que incurrió Ghosn son «fuente de preocupación» por implicar «prácticas cuestionables y ocultas», así como «violaciones de los principios éticos» de la empresa, especialmente «en relaciones con terceros, trato de conflictos de interés y protección de activos corporativos”.

Pocas horas antes de la nueva detención, el exdirectivo sufría otro revés con sus perspectivas de retiro dorado. Altos ejecutivos como Ghosn gozan a menudo en Francia de lo que se conoce como «jubilación sombrero». Una suma que paga íntegramente la empresa, más allá de la pensión que le corresponda por años de cotización al interesado, hasta la muerte del beneficiario. Según los medios franceses, Ghosn aprovechó el anuncio de su dimisión de Renault, enviada desde Tokio a finales de enero, para solicitar el inicio del proceso para poder disfrutar de su «jubilación sombrero», que ascendía de acuerdo con varios reportes a unos 765.000 euros anuales. La junta directiva también ha recomendado que no se le ingrese la parte variable de su sueldo de 2018, más allá del salario fijo de un millón de euros que venía percibiendo.

Fuente: El País